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{Me hubiera gustado acabar esto para estas alturas, pero LJ es bastante cansino con los límites de los mensajes. Allá vamos.}

El Secreto de los Dientes de León

Capítulo 11

Recordó llegar a la posada, recordó andar hasta su habitación, recordó querer tumbarse sobre la cama y recordó que Covan la obligó antes a limpiarse las manos y curarse las marcas más visibles. Lo siguiente fue parpadear y darse cuenta que era de día.

La intensa luz que entraba por la ventana le decía que iba a hacer mucho calor. Contempló el polvillo que bailaba en los rayos del Sol sin preocuparse por pensar en nada. Seguía viva otro día más, otro día que no sabía porqué tenía que pasarle aquello a ella, otro día perdida, otro día sin su familia, otro día perseguida, otro día completamente dolorida…

Al menos, tenía otro día.

Se levantó pensando en qué podría decirle al general, y lo que él podría decirle a ella. Aún no quería confiar en él, la había salvado la vida y su reacción al saber de Ukar había sido creíble. No se fiaba, sin embargo.

Salió y fue a buscarle a su habitación, al no encontrarle bajó al comedor. Tampoco estaba allí, pero decidió comer antes de seguir buscando. La comida le dio un poco más de energía, se sentía como un trapo sin fuerzas, estaba preparada para decir lo que hiciera falta y creerse todo lo que Covan la dijera solo por tener la pequeña posibilidad de un tiempo en paz.

Como seguía sin encontrarle en la taberna, decidió salir fuera.

Le vio sentado en un pequeño banco junto a la entrada.

-¿Vigilando para que no me escape?-le preguntó.

-Solo tomando el aire-se puso en pie-. Puedes pensar lo que quieras de mí, pero realmente nunca he intentado hacerte daño.

-Seguro, solo querías cogerme para meterme amablemente en la cárcel.

-Más o menos-si cogió el sarcasmo, no lo demostró, miró hacia el interior de la posada y a los extremos de la calle-, ¿te apetece dar una vuelta por un sitio más tranquilo, o estás cansada?

-No, está bien una vuelta… ¿nos vigilan o algo así?

-Espero que no, pero ya no me fío ni de mi sombra.

Llegaron a una zona despejada, había unos arbolillos raquíticos y se podían contemplar algunas casas dispersas desde allí, lo suficientemente lejos como para suponer que no les llegaría ninguna voz. También podían oír el río, pero no podían verlo. Surí se estremeció al recordar lo que había pasado la noche anterior, e intentó apartar aquel recuerdo de su cabeza, aunque sabía que volvería a atormentarla, en aquel momento solo quería oír explicaciones. Se sentaron sobre la hierba bajo una pobre sombra, y se lanzó a preguntar primero.

-¿Puedes decirme qué está pasando?

-No me hagas esa pregunta…

-¿Por qué?

-Porque la iba a hacer yo.

Levantó las manos, frustrada y algo exasperada.

-Yo no sé nada, no hice nada-sonó más a súplica de lo que le hubiera gustado.

-Bueno, conoces al asesino, ya sabes algo más que yo. ¿Y por qué te escapaste si no hiciste nada?

Aquello la confundió durante un momento, le parecía que era una pregunta obvia.

-Querían meterme en la cárcel, ¿no es suficiente razón?, además, aquellos guardas eran unos animales, amenazaron con matarme allí mismo, me pegaron, no me dejaron hablar y ni siquiera fueron a avisar a mi familia. Solo cogí un colgante que estaba en el suelo, ¡ni siquiera había visto a Melyss entonces!, ¡y esos bestias dijeron que me cortarían la cabeza!-sentía tanta rabia, no quería ponerse a gritar y lloriquear, pero no podía evitarlo, sentía tanta rabia por lo que la habían hecho.

-Vaya… siento eso, si lo hubiera sabido te hubiera mantenido a mi cargo-el general parecía francamente sorprendido, le dejó un momento de silencio, mientras Surí peleaba por no echarse a llorar, antes de continuar hablando-. Si te sirve de algo… yo me encargué de visitar a tu familia al día siguiente, y les dije lo que sabía.

El corazón de Surí dio un vuelco.

-¿Ah, si?, ¿cómo estaban?, ¿qué dijeron?, ¿están bien?

-Estaban nerviosos, y preocupados, me hablaron bien de ti, y tus gallinas se me atacaron. La última vez que vi a tu padre estaba en la capital, se había presentado para hablar con los jueces a tu favor, pero le echaron de allí, eso fue unos días antes de que decidieran ponerme bajo vigilancia, las cosas en la corte están muy turbias.

Sonrió para sus adentros, intentando imaginar las escenas. Cuando volviera a casa iba a dar un enorme abrazo a todo el mundo, no volvería a protestar por sus labores y… su pobre padre, que en su vida había hecho daño a nadie, no se merecía que le trataran así. También iba a abrazar a las gallinas.

-Ahora que lo dices… ¿puedo preguntarte cómo es que te acusaron si no tienes nada que ver?

Había empezado a arrancar pequeñas hierbas del suelo mientras le miraba inquisitivamente, pese a sus palabras, quería dejarle claro que aún no se fiaba de él.

-No me mires así-protestó el general-, en parte es culpa tuya.

-¿Mía?

-Sí, no se me ocurrió otra cosa que asegurar delante de los jueces que era imposible que hubieras asesinado a Melyss. Puede que robaras, puede que fueras cómplice….

-Yo no hice nada.

-…pero no asesinaste a Melyss.

-¿Y cómo lo sabías?

Dejó escapar una corta sonrisa seca y sin alegría.

-¿No la viste?, ¿no viste el corte?, Melyss te sacaba una cabeza por lo menos, es imposible que alguien como tú hubiera podido hacer un corte así, aún imaginando que supieras usar un arma larga efectivamente.

Hablar de aquello la estaba afectando más de lo que hubiera imaginado después de tantas semanas, tuvo que tomar aire varias veces mientras la memoria de la chica muerta afloraban en su cabeza. No sabía de heridas, solo que la que recordaba era grande y horrible, y no sabía que la dama fuera más alta que ella, cuando la vio en el suelo parecía pequeña… aún contando con que estaba algo encogida, parecía tan pequeña que al principio la confundió con un niño…

-Sabías que no era yo… y aún así me perseguiste…-no era un reproche, solo una observación, quería volver a retomar el asunto que más la interesaba.

-Quería saber qué había pasado, y tú te fugaste, imaginé que escondías algo.

-… ¿y solo por eso se volvieron contra ti?

-A medias, les di pie a que dijeran: “Vaya, si no fue ella, ¿quién más andaba por allí?, oh, un general, que casualmente lleva un arma larga y va a caballo”.

-Ah, pues a mí se me había ocurrido lo mismo… aunque al principio pensé que bueno… da igual… ¿y qué hacías allí entonces?

-Melyss me envió una carta bastante extraña, decía que estaba asustada y que había alguien que podría intentar matarla, y que quería verme. Reconozco que no me fiaba mucho, y dudé que fuera una buena idea ir, pero fui de todas formas…

-Tarde…

-Llegué a la hora… aunque supongo que sí, fue tarde.

-¿Y no sabes nada más sobre quién quería matarla?, ¿no decía nada de eso en la carta?

-No, y no conozco al tipo ese grande de anoche, nunca he oído de alguien parecido… no me da buena espina, si es un sicario va a ser más difícil de atrapar que tú, ya que ni siquiera sabemos nada de él, podríamos perder el tiempo como idiotas corriendo tras su sombra mientras el auténtico criminal se cubre las espaldas.

-¿Y les enseñaste la carta a los jueces?, la carta te exculparía…

-No, mi hermano me aconsejó que la guardara para una ocasión mejor.

-… ¿mejor?

-Te lo he dicho, la corte está alterada, no iba a sacar nada en claro allí, que me arrestaran y me dejaran desaparecer un tiempo, podría dedicarme a hacer indagaciones por mi cuenta-se enderezó un poco y se frotó los ojos con las manos-. El palacio es una ruina, todo el mundo está dispuesto a creer las mayores tonterías, aún más que de costumbre. Los jueces deben haberse contagiado o estar mal de la cabeza, dijeron que estaba intentando conspirar para hacerme con el trono de mi hermano, que había conseguido “embaucar” a Melyss, y que la maté porque lo descubrió todo…

Se produjo un tenso silencio.

Covan se inclinó hacia el tronco del árbol bajo el que estaban mientras la miraba fijamente, Surí se limitó a apartar la vista hacia cualquier sitio.

-Me sentiría menos incómodo-dijo el chico-, si te mostraras un poco sorprendida por lo que he dicho, creo que es obvio que era una barbaridad.

-¡Oh, claro!, es que no daba crédito…

-Qué mal mientes-el pobre hombre no pudo evitar reírse al ver su cara.

-Si te soy sincera yo había oído algunos rumores parecidos desde hace tiempo… algunos más que otros… pero en general tengo la impresión de que todo el reino se cree que Melyss y tú estabais… eeeh… juntos… Fuiste de viaje con ella el verano pasado, ¿no?

-Sí, ella, la Reina, media docena de amiguillos suyos, un ejército de criados y veinte de mis hombres que teníamos que aguantar guardias bajo el Sol y los mosquitos de los lagos perfectamente uniformados porque a la Reina le gusta mantener rígidamente las normas y el protocolo. Sí, precioso. Es estúpido que la gente crea que yo haría algo así, quiero decir, comprendo que la gente de los pueblos diga estupideces de mí cuando no me conocen, pero no me gusta la corte, lo sabe todo el mundo, y no me arrimaría a una de sus damas ni estando libre, son víboras.

-¿La dama Melyss también?

Se había puesto rojo al hablar y se le veía muy enfadado, pero al oír la pregunta parpadeó y su expresión se tornó culpable.

-Euh… no, bueno-carraspeó, Surí encontró graciosa su incomodidad-, ella no era mala persona, dentro de lo que hay en ese nido de… euh…, era una buena chica, algo inconsciente y mimada, y no se rodeaba de lo mejor del palacio precisamente, pero buena chica… Volviendo al tema-volvió a carraspear-, ¿quién te dijo quien era el asesino?

-… no sé si debería contártelo…

-¿Es alguien de los que te acompañaban?, ¿qué ha pasado con ellos?

-¿Puedes prometerme que no les meterás en líos?, no tienen familia ni apoyo, no puedes encerrarlos.

-Sabes que no puedo prometer nada, pero necesito que colaboréis conmigo.

Surí bajó la vista. Sentía que podía estar traicionando a sus amigos, pero la realidad era que ya estaban tan metidos hasta el cuello como ella, dudaba que nada de lo que dijera pudiera perjudicarles más si tenía cuidado.

-El chico-prefirió no darle su nombre-, estaba aquel día por allí y vio lo que pasó, dijo que vio a la dama primero, luego a Ukar…

-¿Ukar?

-El ogro… el tipo que intentó matarme ayer…-se frotó las manos en la falda, le temblaban-. Pensó que algo iba mal y le siguió, vio cómo la mató y luego le robó todo lo que tenía, él y su hermana me ayudaron a escapar más tarde…

Covan se rascó la cabeza.

-¿Robó él?… no entiendo…

¿Debería hablarle del bolso?, ¿podría él saber qué era lo que podía ser tan importante? Pensó un momento y decidió que lo dejaría para más tarde, hasta estar algo más segura de sus intenciones.

-Creemos que la dama llevaba algo importante con ella.

-Ya… podría ser, en la carta decía que tenía algo… aunque imaginé que sería algo figurativo, era todo muy vago…-miró en dirección al río que no se veía, apoyó los brazos sobre las rodillas y hundió la cabeza en sus manos-. Estoy seguro que algo se me escapa, y está delante de mis narices, es frustrante; pasé todo un verano con esa gente sin ver nada raro, y unos meses después alguien la persigue y está muerta…

-Tú hermano estará triste.

-No, qué va, está más preocupado por mí.

-¿No era su prometida?

-¿Y?, fue empeño de su madre, a él le daba igual.

-Ah…

-¿Dices que le viste más veces?

-¿A quién?

-A… Ukar, ¿no?

-Sí… ¡oh!, lo olvidaba, Verven le acompañó una vez.

-¿Verven?

-Creí que la conocías…

-¿Verven?… ¿la hermana de Melyss?, sí, la conozco, pero no tiene sentido…

Surí insistió.

-Estoy segura que es ella.

-No puede ser, ¿por qué iba a acompañar al asesino de su hermana?

-Creo que no sabe quien es, creo que solo intenta vengarse y las paga conmigo, imagino que Ukar la habrá engañado.

-No, no puede ser, Verven no es tonta, no se dejaría engañar fácilmente.

-¿La conoces bien?

-La verdad es que no mucho, no se parece a su hermana, no es una cortesana, puede ser una chica agradable… cuando no habla de cazar, o de caballos, o de cazar jabalíes, o de cazar jabalíes a caballo… Si consigues evitar esos temas es tratable, también es avispada. Es una cazadora, sigue pistas.

-Pues alguien le habrá dado una…

Covan se quedó mirándola un momento, como si hubiera dicho algo extraño, y sonrió de golpe.

-Entonces…-empezó, hablando lentamente, como pensando todas sus palabras-, contando con que me dices la verdad, y Verven está viajando con el asesino de su hermana creyendo que cumple una venganza, quien la esté lanzando contra ti tiene que ser alguien en quien ella tenga confianza, y sobre todo, alguien que sepa muy bien lo que está pasando, lo suficiente como para informarla de todo lo que quiera saber… como el verdadero culpable, ¿no crees?

-Sí…-lo dijo sin entusiasmo, sabía lo que estaba diciendo, pero no le gustaba.

-Tengo que hablar con ella, entonces, tengo que encontrar la forma de hablar con Verven y que nos cuente quien la está dando información sobre lo que pasó, seguro que hablaría conmigo. Ya verás, no conseguirán cogernos.

Sonrió un poco, para Covan aquello era su mejor pista para descubrir al culpable. Y es posible que lo fuera, tenía sentido, pero no se sentía muy feliz al pensar en Verven. Su experiencia previa con ella le decía que la cazadora solo se dejaría ver para matarla.

Se frotó el vestido con más fuerza, nerviosa y absorbida en sus propios pensamientos.

-¿Quieres saber algo más?

Levantó la cabeza sorprendida.

-Ah, no… quiero decir, ahora no se me ocurre nada, gracias.

-¿Por qué?… Resulta que es una suerte que te fugaras, alguien lo está pervirtiendo todo y si te hubiera cogido… primero, no creo que hubiera podido hablar bien contigo, y posiblemente hubieran encontrado la forma de colgarnos a los dos. Ahora, sea quien sea quien esté detrás, se las está viendo y deseando para atraparnos.

-Si nos cogen… ¿tu familia no podría hacer nada para evitar que te condenen?

-No mucho si los jueces dicen que soy culpable, y si no quieren graves problemas con más de la mitad de las casas importantes del país. Podrían evitarme la horca si me destierran, lo que está bien por mi parte. Lo que ocurriría contigo…no sé…

-Ya…

-No te preocupes, lo resolveremos, ya verás.

Se quedaron en silencio, escuchando el río. Un par de pájaros se posaron a poca distancia, buscando lombrices, un conejo salió asustado de alguna parte y corrió a esconderse en otra parte. Surí suspiró, sintiéndose incapaz de sentir la mitad de optimismo que tenía su compañero en aquel momento.

-¿Tienes prisa por llegar a Bydona?-pregunto él.

-¿Prisa?

-¿Quieres reunirte pronto con tus compañeros?, la ciudad no está lejos, pero igual prefieres descansar hasta el medio día. Tienes unas ojeras enormes, y la cara algo hinchada.

-…supongo… que podría esperar hasta el medio día…

No le extrañaba que el general cayera mal en la corte, tenía la delicadeza de un ladrillo. Se preguntó si Covan no estaría enfocando las cosas mal a posta, el palacio no podía ser tan horrible como decía, estaba mintiéndola; era el hijo bastardo del rey, después de todo, seguro que no le habían tratado muy bien de pequeño y les guardaba algún rencor.

Se hacía tan extrañamente fácil y natural hablar con él, tenía que hacer un gran esfuerzo mental para ser consciente de con quién estaba hablando, y ni por esas… Era un poco decepcionante, era…. vulgar… Quitando que andaba muy erguido, podría pasar por cualquier chico de su pueblo. No era lo que una esperaba cuando le hablaban de un general. ¿Y si la corte no era de verdad el lugar lejano y luminoso que se había formado en su cabeza?, ¿y si todos eran como la gente de su pueblo, solo que vestidos de pedrería y con escobas atadas a la espada?… Era triste y gracioso al mismo tiempo. Y era muy posible que el culpable de hacer su vida muy miserable en aquellos momentos estuviera en esa misma corte.

Si alguna vez conseguía volver a casa, el mundo que la rodeaba iba a ser muy diferente al que había conocido.

Se pusieron en pie para volver a la posada, y observó un detalle al que no había prestado atención anteriormente, Covan había traído su espada consigo.

-Ah… esto, ¿crees que es seguro quedarnos aquí?, quiero decir, Ukar sabe donde estoy.

-¿Y?… ¿ocurre algo?

¿Lo preguntaba en serio?, ¿de verdad le impresionaba tan poco aquel monstruo? ¿Debería preocuparse o sentirse aliviada? Lo primero le parecía lo más razonable.

-¿Y si vuelve?

-No atacará de día cerca de un pueblo, y llegaremos a Bydona antes del anochecer.

Surí soltó una palabrota que le valió una mirada sorprendida de su compañero.

-¿Qué ocurre ahora?

-Llevas el sello del Rey en la espada.

-Claro, soy el general de su guardia.

-Ya… entiendo… es que no me había dado cuenta.

Eso explicaba que no consiguiera dar con el culpable. Recordó lo primero que pensó al ver a Covan y lo poco que había acertado, iba por ahí con el sello del Rey en la espada, perfectamente a la vista si se fijaba un poco, y había sido incapaz de verlo. ¿Siempre había sido así de burra o se estaba volviendo por momentos?

Descansó un poco en la posada, dejando que las ideas fluyeran y, tras comer con ganas (pagaba él), se pusieron en marcha. Salió del establecimiento con mejor ánimo que a primera hora, más o menos igual de dolorida, pero con la cabeza más relajada y despejada. El general, mientras, había cambiado su caballo por otro de alquiler.

Llegarían a su destino al terminar el día.

O no.

La yegua parda seguía desviándose hacia los costados cuando le apetecía ponerse a olisquear los bordes del camino, y Covan tuvo que cogerla de las riendas porque a Surí le entraba la risa.

-Solo tiene curiosidad, ayer  no nos retrasó tanto, déjala.

-Trato de educarla, no suelo dedicarla mucho tiempo, y así me ha salido…

-¿Para que compras un potrillo si no puedes educarlo?

-Fue un regalo de mi hermano, una de sus bromas, cuando compré mi casa dijo que necesitaba una mujer. Como si Balstida no me volviera lo suficientemente loco.

Tuvo que taparse la boca para no soltar una carcajada.

-¿Quién es Balstida?

-Mi nana… bueno, ahora es mi ama de llaves… no te rías, ¿quieres que empecemos a hablar de tus gallinas?, ¿se echan siempre encima de los desconocidos en masa?

-Solo cuando tienen hambre…

-¿Quieres decir que tus gallinas intentaban devorarme?

-Son unas criaturas malvadas, no deberías acercarte a ellas si no tienes grano encima…

Volvió a encontrar preocupante lo fácil que le resultaba hablar con él, tendrían que haber viajado en silencio, preocupándose por sus asuntos y desconfiando de su sombra, pero no había manera, por lo visto. ¿Lo estaría haciendo adrede?, ¿intentaba hacerse el simpático para que bajar la guardia?, podría preguntarle algo incómodo, y ver cómo reaccionaba, se le habían ocurrido un par de preguntas más, pero para un rato que le apetecía sonreír…

-¿De verdad no te gustaría ser rey?

Allá iba. La pregunta salió despedida y en cuanto terminó de decirla se dio cuenta que no le gustaba cómo había sonado. Sorprendentemente, Covan no reaccionó mal, levantó las cejas y sonrió.

-Ni regalado, no se te estará ocurriendo que de verdad estoy intentando conspirar contra mi hermano o algo así, ¿verdad?

-Nooo… ¿no?

-Mi padre no está tan loco, y mi hermano me cocería antes de que tuviera tiempo de que se me ocurriera la idea, ser general ya es más de lo que me gustaría.

-Pffffffff, ahora dirás que preferirías ser un soldado humilde o algo así…

Sus intentos de hacerle sentir incómodo estaban fracasando estrepitosamente. El chico continuaba hablando con toda la indiferencia del mundo. O igual no era buena haciendo sentir nerviosa a la gente.

-Depende, me hubiera conformado con un buen puesto de oficial, un coronel o así, buena paga y te marean menos.

-¿De verdad es tan difícil ser general?, siembre había oído que en tiempos de paz hacían más bien poco…

-Es… complejo, gran parte del tiempo lo pasas tratando temas que poco o nada tienen que ver con ser militar, es un poco frustrante, por no hablar de la inmensa cantidad de gente que por norma le gusta hacerme la vida imposible-Surí se quedó en silencio, esperando que continuara explicándose-. Al poco tiempo del ascenso a general, tuve mi primera misión importante: a mi padre le dio por viajar al Norte, hacía varios años que no iba y le tocaba visitar a alguna gente…

-Lo recuerdo, atacaron muchos ladrones, ¿verdad?

-Sí, uno de los mayores grupos vistos en doscientos años, mi suerte, como no. Antes de empezar el viaje siquiera, me encargué de organizar la seguridad y tuve todos los días encima a una docena de aristócratas, noblecillos y cortesanos que encontraron razones para quejarse por las mayores estupideces: que la guardia estaba demasiado a la vista, que sus pertenencias estaban descuidadas, que el uniforme desentonaba, que aquel recorrido no era lo bastante agradable, etc. Y durante el viaje eran aún peor.

-¿Y qué hiciste?

-Ignorarlos completamente y tomar las medidas para proteger sus miserables cabezas que consideré oportunas.

Escondió una sonrisa.

-Y salió bien, ¿no?

-Yo creo que sí, doscientos bandidos y ningún muerto de nuestra parte… si hubiera sido otro le hubieran convertido en un héroe; lamentablemente, perdimos algunas cosas importantes, y un par de chicos de la guardia de la región murieron mientras las buscábamos en las montañas, fue muy triste.

-Ya… ¿no te gusta tu trabajo entonces?

Por fin consiguió una reacción seria, el general bajó un momento la cabeza mientras meditaba lo que iba a decir, pero al levantarla de nuevo tenía una media sonrisa en la cara.

-Me gusta, hay cosas que me desagradan y otras que me sacan de mis casillas, pero creo que hago algo útil, siempre quise ser militar y lo he sido más de la mitad de mi vida.

-¿Más de la mitad?

-Empecé de escudero con once años.

-Aah…

Volvieron a quedar en silencio. Estaba otra vez reorganizando sus ideas, cuando se dio cuenta que ya era muy tarde y que pronto llegarían a su destino, había algo importante que aún quería aclarar antes.

-¿Puedo pedirte que cuando lleguemos me dejes hablar con mis amigos a solas?

Giró la cabeza para mirarla.

-No voy a dejar que andes sola por ese sitio, si es lo que pides.

-Solo quiero avisarles.

-¿No te fías de mí?

-No importa lo que yo me fíe, mientras ellos no lo hagan, no quiero hacer que se sientan traicionados, me han ayudado mucho.

El general hizo un gesto de cansancio.

-No voy a meterlos en prisión, solo quiero hablar con ellos también.

-Igual no quieren hablar contigo.

-Está bien, te dejaré que hables un poco, tampoco es que pueda hacer mucho en estas circunstancias, luego no prometo nada. Por cierto, ¿cómo os separasteis?

-No… ¡oh!, es verdad, fue muy raro, algunos guardas del puente querían matarnos.

-¿Mataros?

-Sí, eran dos solamente, creo que el resto no sabía nada porque se portaban de forma extraña, como no querían matarnos en el cuartel planeron tendernos una emboscada fuera, pero lo descubrimos, y al huir sacaron a los perros y yo me tiré al río… Hablaron de un “mensajero” o algo así, no sé quien es, pero sospecho que podría ser Ukar, dijeron que me conocía.

-¿Perros?, ¿asesinasteis a cuchillo a medio puesto antes de huir?
-No.
La cara de Covan reflejó la perplejidad más absoluta
-…así que supongo que el culpable también tiene gente entre la guardia, sospechaba algo así pero… -sacudió la cabeza y Surí tuvo la impresión de que reprimía un escalofrío también, se estaba callando algo.

Capítulo 12

Se estaban acercando a Bydona. No había ni rastro de Ukar (aunque tuvo que reconocer para sí que realmente se sentía algo más segura con Covan), pero empezó a ponerse nerviosa al pensar en la guardia que habría en la entrada.

-¿No te reconocerán?-le pregunto a Covan.

-Espero que no.

Si nadie prestaba mucha atención podían pasar por una pareja joven,  nadie esperaría que ella estuviera acompañada o fuera a caballo. Evitó mirar a los guardias, como hacía siempre, fijó la vista hacia el frente mientras oía los golpes huecos de los caballos sobre la madera.

Cuando alcanzaron la orilla opuesta, Surí empezó a respirar otra vez.

Al llegar a la ciudad pararon en una posada. No tenía ni idea de dónde estaban sus compañeros y no era buena hora para ponerse a buscar, ya anochecía y la vida en Bydona se dispersaba entre tabernas y zonas de mal nombre. Estaba convencida que si daba algunas vueltas por alguno de aquellos sitios encontraría a Ildare con facilidad, pero Covan se negó en redondo a dejarla ir, ni siquiera acompañada.

-Nos quedaremos en la posada esta noche, conozco al dueño, podemos fiarnos, mañana buscarás a tus compañeros si quieres.

Quería protestar, pero no se le ocurrieron razones suficientemente buenas para contradecirle. Aparte de lo mucho que echaba de menos a sus amigos.

El posadero les saludó y habló un momento con Covan a solas. Era un hombrecillo grueso, inexpresivo y con un abundante bigote.

Cuando terminaron de hablar, les acompañó hasta el último piso. Había solo un pasillo estrecho, a la izquierda una puerta con un almacén, a la derecha, otros tres cuartos pequeños, al frente una ventana. Los cuartos de la derecha eran sus habitaciones, a Surí le entregaron la que estaba completamente al fondo, junto a la ventana; observó complacida que desde tan alto sería imposible subir, y lo primero que le sorprendió de su propio cuarto en sí es que precisamente carecía de ellas.

-Tienes un candelabro en la mesa, y velas en aquel cajón-le dijo el posadero.

-Muy bien, gracias.

Dejando aparte la molestia de que solo podía ver hasta la punta de su nariz si no tenía las velas encendidas, reconoció que se sentía cómoda y segura allí. La madera de las puertas y paredes eran fuertes, el piso era alto y estaba alejado del resto de huéspedes. Aunque lo mejor de su nuevo cuarto lo descubrió más tarde, cuando ya iban a descansar, Covan decidió enseñarle una pequeña salida de emergencia.

-Está justo contra la pared, donde el armario, tienes que acercar la luz para verlo bien, ¿ves?

-Oohh…

-Hay unas escaleras que bajan directamente a la puerta trasera. Me han dicho que son empinadas y dan vueltas, así que hay que tener cuidado. Esperemos no tener que usarlas, ¿eh?

-No.

-¿Todo en orden entonces?

-¿Y si entra alguien por la salida secreta?

-Umm… no creo que se pueda, solo se abre desde fuera, y da a la puerta trasera y las llaves solo las tiene el posadero. Tampoco hay mucha gente que sepa que está aquí.

-Ah, muy bien.

-Buenas noches entonces, si tienes algún problema estoy junto a las escaleras.

-Ya lo sé, buenas noches.

Cerró la puerta, oyendo el glorioso sonido del grueso pasador de madera. Con un poco de suerte tendría una noche larga y tranquila por una vez. Sintió una extraña y ligera euforia ante la idea de dormir allí. Dormir en paz era maravilloso.

En cuanto se echó sobre la cama recordó que no le había hablado a Covan del bolsito bordado. Una parte de ella aún le recomendaba andarse con cuidado, pero a aquellas alturas le costaba mucho trabajo verlo como algún taimado y maligno conspirador. Parecía un buen chico.

De hecho, se antojó a sí misma estúpida por haber llegado a pensar cosas tan malas de él sin siquiera conocerle.

Sin embargo, había sufrido suficientes golpes, físicos y morales, como para abandonarse al entusiasmo.

El bolso esperaría, antes quería reunirse con sus amigos y ver cómo se desarrollaba todo. Si era posible, ella quería seguir con Covan, se sentía más segura y él podría dar con el culpable antes y mejor de lo que podrían hacerlo ellos. Lo que no sabía era si sus compañeros querrían acompañarla o preferían seguir huyendo; algo le decía que acabarían optando por lo segundo.

Aquello la entristecía, sabía que se colocaban en un gran peligro por ello y no quería perderles, ¿cómo iba a convencerles de que la acompañaran? Ukar y Verven parecían perseguirla únicamente a ella, pero eso no quería decir que se volvieran contra ellos en algún momento, y el ogro se había asustado al ver a Covan, estarían más seguros con él. Aunque si decía aquello posiblemente estaba dando más razones al cabezota de Ildare para no ir con ellos…

Abrió los ojos un momento en la oscuridad. Ukar se había asustado al ver al general, estaba segura, Ukar le había reconocido… ¿había alguna razón para que le reconociera?… pero Covan aseguró que no le había visto nunca, ¿cómo conocía Ukar al general?, ¿de qué manera el monstruo sí le había visto antes?… Covan había llegado convenientemente al prado para ser sospechoso inmediato del asesinato si ella no hubiera estado allí, la dama solo le envió la carta a él, y finalmente habían encontrado razones para culparle también…

Si ella se quitaba de en medio, todo parecía una inmensa trampa contra el general.

Claro que eso dando completo crédito a lo que el general le había dicho… que podía ser mentira…

Se frotó las sienes. Tenía una cama enorme y cómoda, y una habitación segura y cálida, y tenía que darle vueltas a aquellas cosas que nunca la llevaban a ninguna parte. Estaba cansada y dolorida, quería dormir.

Cerró los ojos con fuerza e intentó concentrarse en no pensar nada. Fallaba continuamente.

Al día siguiente salieron a buscar a sus compañeros. Su primer destino fueron las tabernas, empezaron preguntando por algún tahúr joven o una chica que cantaba. Tuvo suerte en una taberna que se escondía en una de las zonas más apartadas de la ciudad. El tabernero dijo que el día anterior un chico estuvo jugando hasta bien entrada la noche, sorprendentemente, no habló de ningún alboroto. Ildare debía estar comportándose para no llamar la atención.

En aquel sitio había cientos de lugares donde podrían esconderse, y tras dar varias vueltas empezó a creer que no los encontraría tan pronto como quería.

-¿Qué vas a hacer cuando des con ellos?, te he dicho que os dejaría hablar, pero no deberías marcharte, y lo sabes.

Movió la cabeza, incómoda.

-¿Y qué piensas hacer tú después?, ¿vamos a escondernos?

-Tú sí, llamaré a mis hombres y te buscaré un sitio secreto y protegido hasta que me entere de lo que ocurre.

-¿Confías en tus hombres?

-Son la Guardia Real, solo responden ante mí y ante el Rey, y son duros de roer, la única forma de que me traicionasen es que el que ande detrás de todo esto sea mi padre.

Surí le miró sin decir nada, Covan se dio cuenta que sería mejor aclarar aquel punto:

-No es mi padre, deja de mirarme así cada vez que nombro a alguien, no tiene razón alguna para haber hecho todo esto, tampoco sería tan basto para enviar un mercenario…

-No miraba de ninguna forma, solo me inquieto cada vez que hablas de… tu familia…

-Cuando todo esto termine te los presentaré.

-¿Qué?-soltó una risita nerviosa de la que se arrepintió en el acto-no, venga, no digas eso, ¿cómo me los vas a presentar?

-¿Por qué no?, estoy seguro que a mi hermano le encantaría conocerte.

-¡Venga ya!-más risita, se sentía ridícula, parecía no poder parar-¿Presentas a mucha gente a tu hermano?

-No, ni la cuarta parte de los que me lo piden, no es muy sociable, pero seguro que tú le resultarías interesante.

-¿Por qué?

-Bueno, seguro que puedes contarle toda esta historia, le encanta que le cuenten historias, sobre todo si le hablas bien de mí-sonrió-, háblale bien de mí y le caerás bien…

-Os lleváis bien los dos.

-Muy bien.

-Pese a su madre.

-Es complicado… en realidad no lo es, pero no voy a hablar mal de nadie ahora.

-Ya has hablado mal de media corte.

-Pero no he dado nombres concretos.

-No creo que vaya a sorprenderme si me dices cosas malas de la Reina.

-Pero yo preferiría evitarlo, ¿qué hora es, por cierto?, deberíamos volver ya y seguir mañana…

Miró alrededor, no habían encontrado nada y la gente empezaba a retirarse, no sería buena idea quedarse por las calles solos, llamaría la atención.

-¿Puedo preguntarte otra cosa?

-¿Si?

-¿Quién era el tipo con el que te vi la otra noche y qué le diste?

-Uno de mis soldados, le di una carta en la que decía por donde estaba y que te había encontrado, si me ocurre algo están advertidos de lo que estaba haciendo.

Advertidos.

-Ah… ¿y cómo es que te cambió la voz?

-¿Me cambió la voz?

-Sí, sonabas más… uggghh…

-¿Uggghhh?

-Más grave, no sé cómo hacerla.

-No sé a qué te refieres, oirías mal.

-No, oía bien, igual no te das cuenta de que lo haces.

-Es la primera vez que me lo dicen.

Sonrió al ver su cara de confusión.

“Si me ocurre algo…”

Ella pensaba en sobrevivir, ella pensaba en volver a casa. Toda su intención estaba dirigida a verse libre y a salvo, no se movía tan solo por descubrir la verdad como si fuera su deber, solo por mostrar su inocencia.

Y él se preocupaba de lo que ocurriría después si terminaba muerto.

Volvió a sentir el familiar frío en el estómago.

¿Qué pasaría si ella acababa muerta?

No se le ocurría nada, era una gran vacío en su cabeza, igual porque nada podría importarla entonces. Decidió que lo único que en lo que debía permitirse en pensar era  en sobrevivir.

Habían tomado ya el camino de vuelta, alejándose de aquella zona, cuando oyó a alguien cantar.

Se paró de golpe y se giró, tenía pocas dudas respecto a quién podría pertenecer aquella voz.

-¡Menare!-gritó y corrió hacia donde oía la melodía.

Vio a la niña sentada en una esquina, al parecer intentando atarse un zapato que tenía suelto y cantando mientras. Fue hacia ella, tenía la vista baja y no le prestó atención hasta que terminó de atar las tiras y miró hacia arriba. Su sorpresa se dibujó en la cara.

-¡Surí!, ¡Surí!, ¡estás bien!, cuánto me alegro, cuánto…

Las dos se abrazaron y permanecieron así un largo rato, recordándose la una a la otra lo mucho que se habían preocupado y echado de menos.

Cuando se separaron, Menare comenzó a decir algo, entonces se fijó en Covan a pocos metros; estaba quieto, mirando, era obvio para cualquiera que no era un transeúnte normal

-¿Quién es?-preguntó la niña algo desconfiada.

-Ah… os tengo que hablar de eso… ¿dónde está tu hermano?

-En una caseta abandonada al final de la calle.

-Espera un momento.

Volvió hacia Covan.

-Voy a hablar con ellos, estaremos en una caseta abandonada al final de la calle.

-Esperare fuera, pero no pienso irme más lejos.

-Te he dicho que no voy a marcharme.

-No lo decía por si te marchas.

-Oh, intentaré volver pronto.

-¿Quién es?-preguntó Menare otra vez nada más volver junto a ella-. No es feo, ¿es peligroso?

-Espero que no.

Caminaron hasta la caseta con Covan a poca distancia.

La entrada estaba en un lateral y luego bajaba un par de peldaños hasta el suelo de la vivienda.

-¡Mira lo que he encontradoooooooooo!-gritó Menare nada más entrar.

Ildare parecía estar dormido y dio un respingo.

-Menare, qué…-se puso en pie al verla y se sacudió la ropa-Vaya, si estás bien.

Le dio un abrazo, mucho menos efusivo que el de su hermana, pero se le veía francamente contento, y Surí sabía lo difícil que era verle contento si no había comida o dinero de por medio.

-Pensamos que te estarían comiendo los peces ya-dijo el chico volviendo a sentarse-. No dimos con noticias tuyas por ninguna parte, solo un aviso al otro lado del río de alguien que decía haberte visto en el bosque.

Menare abrió los ojos y gritó escandalizada.

-¡Eso es mentira!, ¡claro que sabíamos que estarías bien!, por eso te hemos estado buscando, aunque es verdad que no hemos dado con nada… ¿dónde estabas?, y ¿con quién?, claro.

-¿Quién?-Ildare encarnó una ceja.

-Sí, cuando me la he encontrado venía con un tipo, creo que se ha quedado fuera.

El chico se levantó y sacó la cabeza por la ventana.

-¡Ajá!-exclamó tras un segundo de contemplación-, si ese tipo no es un soldado me como mi baraja de la suerte. Deja que adivine, te ha ofrecido un trato para que le cuentes lo que sabes y vienes para convencernos de que lo aceptemos también.

Parpadeó sorprendida.

-Pues… casi…

-Ya, lo imaginaba, es lo más inteligente, tener un trato, estarás mejor, pero no cuentes conmigo.

-Aún no he dicho nada.

-Me da igual, es como si lo viera.

-¿Eso es verdad Surí?-preguntó Menare-¿Quién es?, ¿es un soldado?

Carraspeó.

-Es Cov…-suspiró un momento-, es el general Aídref.

Se hizo un silencio tenso.

-Eso sí que no lo esperaba…-reconoció Ildare.

-¿No estaba arrestado?

-Está… fugado, más o menos, creo que le están encubriendo. Él tampoco ha hecho nada, quieren culparle como a mí, está buscando al criminal, si le decimos lo que sabemos y le ayudamos podrá protegernos…

-Y eso te lo ha dicho él…

-Sí, y creo que es sincero, ¿cómo esperas salir de esto solo?, ¿huyendo de por vida?, además, me salvó la vida, peleó contra Ukar y consiguió hacer que huyera.

-Claro, no quería pelear contra su señor.

-No daba esa impresión.

Era un poco difícil defender a Covan cuando ella misma aún tenía algunos residuos de duda en su cabeza.

-¿De verdad es el general Aídref?-Menare había ido hasta la ventana y miraba también-. Parece más bajito…

-¿Hay algo que pueda decir para que os fiéis de él?-preguntó.

Ildare la miró un momento y luego a la ventana, donde su hermana seguía vigilando.

-Supongo que si podemos irnos de aquí sin que haya medio ejército esperando, o sin que alguien nos corte el cuello, será buena señal…

No sabía si estaba hablando en serio o solo estaba siendo el cínico que era.

-¿Entonces?

-De momento, preferimos seguir como estamos.

-¿Estás seguro?

-No nos necesitáis, tú no sabes ya más que yo, lo resolveréis, y nosotros seguiremos con nuestra vida sin más preocupaciones…

-Estaríais más seguros.

-Eso es algo que prefiero juzgar yo.

Bajó la vista al suelo, compungida.

-Está bien… supongo que tengo que desearos buena suerte, entonces.

-Sí, para ti también.

-Esperad, ¿qué?, ¿qué pasa?-Menare sacó la cabeza de la ventana y se volvió hacia ellos-, ¿porqué tenemos que desearnos suerte?

-¿Nos has estado oyendo?-dijo su hermano-. Nosotros nos vamos.

-¿Y Surí?

-Surí también, con el general.

-No.

-Menare, no seas burra, es lo mejor.

-¿Tú te fías de ese tipo?

-Si Surí cree que estará bien, estará bien, tú preocúpate por nosotros.

Ildare estaba resultando extrañamente tranquilo y conciliador.

-Pero… no entiendo…

Surí le dio otro abrazo, la niña había empezado a llorar.

-Nos veremos pronto, ya verás, todo se solucionará pronto…

-Sí, Menare-animó su hermano, aunque sin mucha emoción-. Ya verás como todo se arregla en seguida, deja de ser tan llorona.

-Uiiiiii, ¡cállate!-se volvió a Surí-, ¿de verdad no te quedas?, ¿de verdad vas a marcharte?

-Estaréis más seguros si me voy, además, siempre os retraso…

-Eso no es cierto.

-Cuídate, Menare… tú también, Ildare.

Le costó despegarse del abrazo de la niña, y para cuando consiguió salir fuera, ella también lloraba.

El día empezaba a oscurecer y no había mucha gente en la calle. Covan esperaba a la sombra de un alero cercano.

-¿No vienen?

Negó con la cabeza. El general miró un momento al suelo y se cruzó de brazos.

-Está bien-dijo finalmente-, iremos a descansar por ahora, intentaré que el posadero me ayudé a enviar un mensaje a mi gente, por la mañana te buscaremos un lugar seguro, ¿te parece bien?

Asintió con la cabeza, estaba peleando por no echarse a llorar otra vez.

Covan la miraba visiblemente incómodo.

Dejar a sus amigos detrás era un golpe duro. Quería que estuvieran a salvo, pero no podía obligarles a acompañarla, ni el general podría en aquellas circunstancias, y era cierto que sin ella podrían esfumarse y encontrar un lugar protegido con menos problemas.

Aún así se sentía triste, y dolida, porque era torpe, porque no podía hacer las cosas mejor, porque no podía estar con quienes quería…

Y había tomado una decisión de la que ya no podía arrepentirse.

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