?

Log in

No account? Create an account

Previous Entry | Next Entry

Originally published at Vel Anima. You can comment here or there.

[YAY. EMOCIÓN. ALBOROZO. PENÚLTIMA ENTRADA. ]

El Secreto de los Dientes de León

Capítulo 14

Nada más despertar al día siguiente notó que algo marchaba mal.

La puerta de su habitación estaba abierta.

Miró a su alrededor confundida, todo parecía en orden. Se levantó y comprobó que sus cosas estaban como las había dejado. Por la escasa luz que había en el pasillo imaginó que sería temprano, salió fuera y vio que Covan estaba junto a la ventana.

-¿Ocurre algo?

-Tengo dos noticias, una mala y otra peor.

-Oh, qué raro.

-He estado hablando con el posadero, la mala es que hace pocos días la Reina debió interrumpir de golpe su viaje por el Norte y se dirige ya hacia aquí.

-Debió de enterarse que me habían encontrado.

-Y si Ukar es vasallo suyo, como creemos, probablemente también sepa que estoy contigo, eso no la va hacer feliz… Y hay otra cosa.

Le hizo un gesto para que se acercara a la ventana.

Se asomó y vio un par de soldados hablando en la calle.

-¿Qué hacen?

-Nos están buscando.

Abrió unos ojos como platos.

-Pero, ¿cómo…?

-No saben que estamos aquí, pero saben que estamos en la ciudad, alguien nos habrá reconocido.

-¿Y por qué están esos dos ahí?

-Vigilan la calle.

-Tenemos que salir de aquí.

-No tengas prisa, es mejor esperar a que haya más gente. Tienes que saber otra cosa también, no me están buscando por mi nombre, eso es malo.

-¿Por qué?

-Porque entonces les importará un comino a quien tienen delante; si deciden atacar, muchos se lo pensarían dos veces antes de levantarse contra un general, da igual su supuesto crimen… La Reina tiene unos espías estupendos, no me extrañaría que tuviera más asuntos turbulentos a sus espaldas….

-No acabo de entender por qué llegó a matar a Melyss, ¿no se llevaban bien?

El chico se encogió de hombros.

-No lo suficiente, por lo visto, a la reina solo le interesa la Reina, quizá la pobre Melyss acabó descubriendo que solo era parte de su juego y no le sentó bien-quedó en silencio mientras vigilaba la calle, hasta que pareció darse cuenta que Surí seguía allí-. Hay comida en mi habitación, vete a desayunar, mientras pensaré algo para escabullirnos.

Poco después, el posadero se presentó ante ella con un vestido nuevo y una capa con capucha, todo en tonos verdes, con pequeños bordes y bordados en amarillo. Era una ropa gastada, pero la tela era buena y en sus tiempos debió ser elegante. Nunca se había puesto algo parecido.

Covan también se puso ropa nueva, también con tonos verdes parecidos a los de ella, y cambió su chaqueta por una capa, colocando su espada al hombro, esperando que la tela la cubriera.

-Tendremos que variar algunos de nuestros planes-dijo cuando volvió de cambiarse-, voy a enviar un mensaje pidiendo a mis hombres que estén alerta. No sé si llegará, como están las cosas, podrían detenerlo en cualquier sitio; así que tampoco confío en dejarles lo que sabemos, aún, de momento tendremos que ir solos… no te preocupes, si no me gusta como están las cosas daremos la vuelta y te buscaré un refugio…

-¿Eh?, no, eso retrasaría las cosas, ¿no?

-Sí… un poco.

-Prefiero ir a Byerne.

-Lo intentaremos, pero nos están buscando, y la Reina no anda lejos…

-Byerne tampoco, y hay muchas entradas, ¿verdad?

-Escucha, tú nos haces falta tanto como la carta y el broche, no puedo permitirme perderte de ninguna forma, prefiero esperar antes de correr demasiado riesgo.

Se cruzó de brazos y le miró con el ceño todo lo fruncido que podía.

-¿Y hasta qué punto voy a estar más segura?, más tiempo esperando, más tiempo para que me vuelvan a encontrar, estoy harta de huir, solo quiero volver a casa. No me asusta más riesgo.

Covan abrió la boca para decir algo, pero acabó suspirando. Se rascó la cabeza, miró a algún lugar a su espalda y decidió cambiar de tema.

-También tendremos que ir andando, posiblemente reconozcan los caballos, buscaremos monturas nuevas por el camino.

-Vaya…

-Saldremos a la calle antes de media mañana, cuando empiezan a llenarse.

-¿Conoces la zona?, ¿sabes por dónde salir?

-Más o menos… pero salir no me preocupa tanto como lo que haya fuera.

-¿Crees que nos estarán esperando?

-… es posible, no sé cuantos guardias hay de su lado, si son leales, podemos tener suerte, pero si nos cogen algunos de sus hombres… De cualquier forma, creo que los de ahí fuera solo hacen de humo.

-¿Humo?

-Para cazar zorros haces fuego frente a su cubil, los animales huyen por la parte de atrás y puedes atraparlos fácilmente.

-Ah, como a los topos…

-¿Qué?

-Nada.

Se sacudió, inquieta. Ukar. Si de verdad había alguien fuera, solo podía ser Ukar. Él tenía que ser el “mensajero” de la Reina, él quien les perseguía sin cesar y había conseguido lanzar a Verven contra ella.

Tragó saliva, saber quien era el culpable no disminuía de ninguna manera el miedo que sentía por aquella bestia. Se arrepintió un poco de haberse mostrado tan tajante ante la idea de esconderse en caso de necesidad; pero estuviera donde estuviera, Ukar acabaría por encontrarla, realmente no creía que fuera a resolver nada ocultándose.

Fugarse de una ciudad tan grande parecía más fácil de lo que era. Afortunadamente, no se encontraron con demasiados obstáculos, quizá porque se había convertido una experta en escabullirse de los sitios, escurriéndose entre casas y callejuelas, evitando por todos los medios ser vistos por la guardia; ya era casi una costumbre. Había vigilancia en casi todas las esquinas de la ciudad, pero no en todas, y cuando el gentío no los ocultaba, siempre había sombras y aleros.

Cuando se alejaron de las zonas más transitadas, subieron por una pequeña calle empinada, de suelo sin empedrar con pequeñas casas torpe y recientemente construidas. Aquella barriada daba directamente hacia las montañas y la espesura, sin necesidad de salir por ninguna puerta de la ciudad. El defecto que tenía huir por allí, es que tendrían que buscar un puente alternativo para poder cruzar al Norte, hacia Byerne. Podían pasarse mucho tiempo buscando uno, Surí recordó la noche de hacía dos días y no se sentía excesivamente tranquila.

Las primeras horas tras salir de la ciudad transcurrieron con calma, después de las palabras de Covan aquella mañana, había empezado a temer que en cualquier momento apareciera Ukar saltando detrás de unos arbustos en cuanto dejarán la ciudad atrás. Sin embargo, pasado el mediodía no ocurría nada, empezaba a serenarse.

A su alrededor había helechos por todas partes ni árboles ni arbustos, helechos altos hasta su cintura, entonces se dio cuenta lo útil que era su nuevo vestido, de lejos no habría forma de distinguirlos con el terreno. De todas formas, según se alejaban se aseguraban que nadie les había visto ni les persiguiera, y en cuanto perdieron de vista las últimas casas, comenzaron a descender hacia el río.

Era verano y hacía mucho calor, el viento era más fresco allí abajo y los árboles daban buena sombra.

Contemplaba la cuenca desde lo alto, era diferente verla cuando no era de noche y Ukar intentaba matarla. Era un sitio bonito.

-¿Cómo pasaremos luego a la zona de arriba si damos con un puente?-preguntó, recordando sus sufrimientos intentando escalar por el terraplén.

-Si alguien se ha molestado en hacer un puente por aquí imagino que habrá también camino hacia arriba-se rascó la cabeza-. O eso espero… no se me da bien trepar.

El olor a humedad que traía el río y el viento fresco hacía que aquel paseo resultara hasta agradable. Vio incluso una manada de ciervos bebiendo agua pacíficamente y mirándoles con recelo según pasaban a pocos metros sobre ellos. Podría sobrevivir a dos días caminando de aquella manera.

-¿Cuándo lleguemos a Byerne…-empezó, era una de sus mayores preocupaciones, pero no estaba segura de cómo plantearla-…a quién le entregaremos el bolso?

Covan se paró y se volvió un momento.

-No estoy seguro-miró hacia lo alto-. Posiblemente los jueces, pero a estas alturas estoy convencido que la mayoría (o todos) están compinchados con la Reina… En el fondo lo mejor sería dárselo a mi hermano, pero no quería que se inmiscuyera en esto…

-¿Por qué?, dijiste que no se llevaba bien con su madre.

-No es que no se lleve bien, es que no se llevan, son extraños, sin embargo para muchos siguen siendo madre e hijo, y eso podía enturbiar la opinión general de lo que es el broche y la carta… y probablemente para mal. No sería difícil que nos acusaran de manipularlo en su contra, o algo así.

-Entiendo.

En realidad, no entendía mucho, solo que aunque pudiera tener esperanzas de llegar a Byerne de una pieza, empezaba a comprender que quizá sería el comienzo de más complicaciones. Si una dama de una gran familia ya había muerto, y el general de la guardia estaba en peligro… ¿quién era ella?

Alguien que intentaría luchar por su vida, al menos.

Oyó algo extraño a su espalda.

Se giró y prestó atención pero el sonido no se volvió a repetir. Agudizando aún más el oído a su alrededor, se dio cuenta que había caído sobre el bosque una silenciosa calma.

-Covan…

-¿Sí?

-Creo que Ukar anda cerca…

-¿Cómo lo sabes?

-Todo está en silencio, su olor debe asustar a los animales o algo así… A mí me asusta, al menos.

-Dame la mano.

Obedeció, dándose cuenta que había recolocado su espada en el cinturón y dejaba su otra mano sobre la empuñadura.

Empezaron a andar más deprisa, Covan la dirigía de nuevo hacia lo alto, a zona más segura.

Surí se abrazaba a la idea de que la última vez Ukar había llevado las de perder contra Covan, pero también se daba cuenta que el monstruo no iba a ser cogido de nuevo de improviso, ni iba a jugar limpio. Posiblemente tenía algún as en la manga y se alegraba de haberse dado cuenta tan rápido de que estaba allí.

Pero, ¿dónde exactamente?

Algo silbó en el aire junto a ella, seguido de un golpe seco. Detuvieron bruscamente el ascenso. Fue a volverse en dirección al sonido pero Covan le pasó un brazo sobre la cabeza y la tiró al suelo.

-¡Agáchate!

-¿Qué ocurre?-preguntó alarmada, mirando a todas partes vio un pequeño trozo de madera emplumado aún tambaleante asomando desde el suelo.

Flechas.

Verven.

Sitió otro golpe cerca y por un momento creyó que la habían dado. Manteniéndose todo lo pegados al suelo que podían, el chico la arrastró por el brazo hasta un gran árbol.

-¡No te muevas de aquí!-ordenó-. Voy a ver quien…

-¡No!, ¡Ukar!, espera, estoy segura que es Verven, ¡Ukar está por aquí…!

Se quedó muda. Covan tenía una flecha clavada en el brazo.

¿Aquella flecha perdida era el golpe que había sentido antes? Sintió un nudo en el estómago, Verven estaba empezando a disparar indiscriminadamente. Antes de que hubiera podido hacer o decir nada, el general se arrancó el proyectil y lo lanzó a los arbustos, apretándose luego el brazo contra el pecho en un gesto de dolor.

Fue entonces el momento oportuno, el que había estado esperando, saliendo de entre los helechos, el monstruoso Ukar, a apenas un par de metros de distancia, se erguía desde el suelo y alzando los brazos con la enorme espada preparada para caer sobre ellos.

Surí lo vio. No tuvo tiempo para formar una palabra comprensible que avisara de su presencia, ninguna hubiera sido capaz de hacer justicia al miedo que sentía, y se limitó a gritar.

Covan siguió su mirada, consiguió volverse a tiempo para detener el primer golpe de su enemigo, pero el brazo malo falló y en el último momento tuvo que conformarse con desviar el filo, la pesada arma de su adversario golpeó el suelo y varias hojas de helecho volaron por el impacto como las plumas de un ave asustada. El general trató de alejarse del árbol donde Surí se acurrucaba y buscar una buena postura antes de siguiente golpe, que no se hizo esperar, aquella vez hizo un mejor trabajo deteniéndolo, aunque seguía en mala posición; se deslizó un poco por la colina y se tambaleó por la fuerza del impacto, el ogro no iba a dejarle tiempo para recuperarse, repitió su ataque varias veces y el general lo detuvo otras tantas como buenamente podía en un mal terreno y un brazo herido.

La lucha resultaba feroz, ambos contendientes terminaron patinando más y más colina abajo, con sus gruñidos y ruido de metales al chocar, junto con helechos que volaban por los aires, como únicos indicadores de la violencia del combate que continuaba.

Surí tuvo el valor de erguirse un poco para intentar observar mejor, pensaba en la cazadora en lo alto de la colina y en el combate en lo bajo. El corazón le latía a toda velocidad mientras consideraba lo que sería buena idea hacer a continuación. Verven ya no disparaba, meditó sobre qué podría significar aquello. Llegó a la conclusión de que la hábil cazadora estaba buscando un nuevo ángulo de tiro y no esperaba que ella se moviera de su escondrijo. No quería ponerle las cosas tan fáciles.

Se asomó un momento, esperando algún color o ruido delator, incluso el silbido de una flecha, al no lograr nada comenzó a descender mientras controlaba continuamente su espalda.

Aquella calma estaba crispando sus nervios. ¿Dónde estaba la cazadora?

Sintió un golpe en el hombro y poco faltó para que el corazón se le saliera por la boca.

-¡Surí!-gritó alguien con más fuerza que ella.

Alivio y congoja se anudaron en su pecho al ver el rostro familiar de Menare sonriendo. Se abrazaron con fuerza, ambas felices de encontrar de nuevo tan pronto a su amiga, y de encontrarla bien; por el momento al menos…

-¿Qué haces aquí?, nos están atacando-la advirtió-, nos están atacando, ¿has visto…?

La niña asentía con la cabeza.

-Sí, sí, lo sé-sonrió-, la hemos cogido, la tenemos atada…

-¿Atada?

-A Verven, cuando estaba ahí arriba, estaba demasiado ocupada disparando y no se dio cuenta de que Ildare se acercaba, ¡la hemos capturado!, le rompimos el arco y nos llevamos ese enorme cuchillo que tenía.

Surí la contempló un largo momento, sorprendida, luego se puso en pie de golpe al comprender lo que quería decir. Nadie disparaba.

-¿Y dónde está tu hermano?-preguntó.

-Ah, está… no sé, estaba conmigo hace un momento.

La vio volverse confundida, mirando a su alrededor. En un momento de súbita revelación Surí miró hacia abajo.

-Creo que ya sé dónde debe estar…

Cogió a su compañera del brazo y se lanzaron pendiente abajo hasta casi la cuenca del río. El silencio que había a su alrededor la estaba poniendo nerviosa, temía que pudiera haber pasado algo grave. Covan podía haber sido herido, o muerto, y si Ildare había decidido meterse en la pelea, el silencio que había resultaba aún mas desconcertante. Una vocecilla en su interior, más sensata y poco habituada a imponer sus opiniones, le decía que al verse superado en número, Ukar posiblemente había echado a correr con alguno de aquellos dos idiotas (o los dos) detrás.

Porque obviamente, había que estar muy mal de la cabeza para perseguir a Ukar en aquellas condiciones.

Siguieron el rastro de ramas pisadas y plantas cortadas, era un rastro claro y espeluznante de la lucha tan violenta que había tenido lugar, aún así les resultó difícil dar con nadie, o el combate había terminado o se había ido a un lugar muy lejos. En un momento se le pusieron los pelos de punta al ver una enorme mancha sobre un tronco que muy posiblemente podía ser sangre.

-¿No te había dicho que no te movieras?

Brincó sorprendida, Covan estaba sentado junto a un árbol, semioculto por algunos arbustos a poca distancia. Tenía cogida la parte superior de su brazo con la mano contraria.

-Ah… ¿Estás bien?, ¿qué ha pasado?

-¿Dónde está Verven?

-Oh, está detenida, le hemos dejado atada allá arriba-informó alegremente Menare.

-Bien-el general no parecía muy sorprendido de verla, apoyó la espalda en el tronco e hizo una mueca antes de seguir hablando-. Ukar está herido, pero en cuanto empecé a ganar ventaja y apareció ese chico se esfumó, no fue una herida grave, en el brazo derecho… he tenido la mala suerte de descubrir que es ambidiestro, así que no creo que podamos despedirnos de él tan pronto, aún podría volver a molestar un poco más…

-Y, ¿estás bien?, estás herido…

Tenía varias manchas por todo el cuerpo, no sabía cuanto sería su sangre, sangre del monstruo o humedad de los helechos.

-No es nada, ha sido por la flecha, pero aún puedo moverlo-hizo una demostración, pero estaba claro que le dolía.

No sabía cuánto creerle, no tenía buen aspecto.

-¿Y mi hermano?-preguntó Menare, se la veía nerviosa y confundida.

-¿Tú hermano?… ¿el otro chico?, vino y se fue corriendo tras él…

-¿Y por qué tú no le persigues?

-Porque tengo cosas más importantes entre manos, y si tu hermano consigue distraer a Ukar el tiempo suficiente me quita un problema enorme de encima.

-¡¿Distraer?!-chilló escandalizada Menare-. Mi hermano puede estar en peligro.

-Lamentándolo mucho, ese no es mi problema ahora.

A la niña parecía que le iba a explotar la cabeza. Surí intentó calmarla, pero la chiquilla no parecía muy por la labor de atender a razones en aquellos momentos.

-Llévame hasta Verven-pidió Covan.

Menare frunció el ceño, cerró la boca y comenzó a andar de nuevo terraplén arriba. De vez en cuando refunfuñaba cosas incomprensibles y daba patadas a los helechos.

-¿Puedes subir?, ¿necesitas ayuda?-preguntó Surí.

-No, estoy bien, no pasa nada.

El general se levantó sin problemas, pero arrastraba un poco los pies en la subida.

Una vez colina arriba, Menare dio un par de vueltas alrededor de una zona, visiblemente desconcertada.

Unas cuerdas cortadas era lo único que señalaba donde había estado la cazadora.

-No puede ser, no puede ser…-decía la niña-. La atamos, nos llevamos su cuchillo, tiene que haber sido otra persona…

El general se limitó a coger aire e intentar no sonar irritado.

-Verven no lleva un único cuchillo encima… ¿hablasteis con ella?, ¿dijo algo?…

-Pssss, no mucho, mi hermano intentó convencerla que él había visto al asesino pero no le hizo caso. Intentó arrancarle los ojos con las uñas. Os lo digo yo, esa chica tiene algo que va mal en su cabeza.

-En fin… ¿no dijo nada sobre lo que sabía?

-No, que la Reina se lo había contado todo, nada más… Loca.

Surí dio un respingo. Ahí estaba, otra vez.

-Al final todo tiene sentido cuando sabes lo qué pasa-dijo Covan mientras se llevaba una mano al hombro con gesto cansado.

-¿Qué pasa?-preguntó Menare-, ¿vosotros ya lo sabéis?

Surí agachó la cabeza, sin estar segura de cómo explicárselo a su amiga.

-Sigamos andando, puedes contárselo sobre la marcha.

Capítulo 15

Covan parecía tener prisa. Sin embargo, en cuanto comenzaron a andar se dio cuenta de nuevo que avanzaba con más dificultad que por la mañana, aún así imponía un ritmo importante, pero temía que no fuera capaz de mantenerlo. ¿De verdad llegarían de aquella forma a Byerne?

Mientras, Menare luchaba por digerir lo que le estaba diciendo. La niña tenía su propia idea del mundo en la cabeza y aquello no tenía sentido en ella, ¿por qué iba alguien que lo tenía todo como una reina a hacer cosas tan malas y ruines?

-Y si es la Reina, ¿por qué no envía directamente a su guardia a capturarnos y no a Ukar?

-Porque nos prefiere muertos, los muertos no hablan, y tendría que dar muchas explicaciones a su guardia si quiere matarnos, siempre hay riesgo de que alguien se vaya de la lengua-explicó Covan con la voz algo ronca, su humor empeoraba; tenía una herida que soportar, mucho camino que andar, y la cháchara de la niña no le ayudaba.

-Y dime-empezó Surí, intentando distraer la atención el uno del otro-, ¿cómo es que nos habéis encontrado?, ¿no habéis estado siguiendo?

Menare sonrió.

-Pues sí. Cuando te fuiste mi hermano dijo que iríamos tras de vosotros, creo que cambió de opinión pero quería asegurarse que este tío dijera la verdad y que tú estabas bien…

… o igual no cambió de opinión y tenía sus propios planes desde el principio, para variar.

La niña perdió su sonrisa al terminar de hablar y miró hacia atrás varias veces, inquieta al no saber de Ildare tanto tiempo. Durante un buen rato del resto de la larga caminata no volvió a decir una sola palabra.

Surí estaba preocupada también, aún con el monstruo herido, el chico no parecía ser buen rival, podía esperar que su ingenio le salvara el cuello, o que realizara un súbito acto de sentido común y volviera junto a su hermana; pero tenía serias dudas.

No conocía las razones de Ildare para hacer algo tan descabellado, aunque se le ocurrían algunas ideas, pero si estaba decidido a terminar con el monstruo, lo único seguro era que no pararía hasta que alguien acabara muerto. Por el bien de Menare y del chico, esperaba equivocarse.

Pasado el mediodía, habían cruzado ya el río y tomado dirección a la capital por caminos secundarios. El calor era agobiante, apenas se detuvieron hasta bien avanzada la tarde, cuando decidieron descansar.

Todos estaban agotados.

Para su fortuna, aquella noche habría Luna Llena, y si el cielo se mantenía tan abierto como lo había estado todo el día, podrían aprovechar la noche para seguir andando. Tenían que encontrar la forma de seguir adelante lo más rápidamente posible. Los caminos entre Byerne y prácticamente cualquier sitio a su alrededor eran los más controlados de todo el reino, cuanto menos tiempo permanecieran en la zona, menos posibilidades tendrían de encuentros desagradables.

Surí aprovechó la parada para mirar la herida de Covan. Se había hecho a sí mismo un vendaje sorprendentemente bueno con un trozo de tela, durante el tiempo que pasó entre que Ukar huyera y ellas le encontraran. Quería ayudarle a limpiarlo otra vez y arreglarlo mejor.

El corte parecía cerrado, pero estaba segura que había más sangre de la que podía ser buena. Y descubrió otra herida en el otro brazo.

-Es de cuando descubrí que era ambidiestro, no es nada, es piel tan solo, es una tontería.

-¿Y la del otro brazo no?

-…llegaremos a Byerne, ya verás.

-Oigo caballos…-dijo súbitamente Menare.

Se hacía de noche y la visibilidad no era buena, pero pudieron distinguir a lo lejos dos figuras montadas subiendo por el camino.

-Escondeos-pidió Covan-Voy a ver qué quieren…

Se metieron entre unos arbustos, la diferencia de nivel hacia probable que los dos jinetes no les hubieran visto.

Al acercarse más se dieron cuenta que eran soldados, pero sus colores eran confusos.

Covan tuvo un repentino momento de duda, se acercó al lugar en el que se ocultaban y dejó con ellas su espada, luego se tapó mejor el brazo herido con la capa, ocultándolo totalmente.

-¿Ocurre algo?-le susurró Surí-. ¿Quiénes son?

El general no contestó, parecía nervioso, se cubrió parte de la cabeza con la capucha antes de ir al encuentro de los jinetes.

Surí no sabía que esperar. ¿Sería una guardia privada?, ¿qué hacía una guardia privada por aquella zona?, ¿viviría alguien importante por allí?, ¿alguien que pasaba camino a la capital?, ¿por qué no había nadie más con ellos?

Agazapadas entre varios arbustos observaron el encuentro entre las ramas. El general les llamó primero, los hombres a caballo pararon un momento para hablar con él. Desde aquella distancia ellas no podían entender mucho, pero parecían estar haciéndole a Covan varias preguntas. Poco después reemprendieron la marcha.

Al pasar cerca de su escondite tuvieron una mejor visión de los colores y del escudo de armas que decoraba su ropa. Ya lo habían visto antes: era el escudo de la Reina.

Las dos quedaron perplejas y asustadas, inmóviles por completo a causa de la sorpresa.

Cuando los cascos de los caballos se dejaron de oír, empezaron a respirar de nuevo.

Surí salió de entre la vegetación y se lanzó hacia Covan, que parecía más pálido de lo normal, o quizá solo era efecto de la luz del atardecer.

-¿Qué te han dicho?, ¿han preguntado por nosotros?

-Sí, han preguntado, y aún no sé cómo no me han reconocido, posiblemente esperaban tan poco verme por aquí como yo a ellos.

-Pero eran de la Reina, ¿no?, ¿qué hace la Reina aquí?…-inquirió Menare.

-Acampa…

-Aca… ¿eh?

-Ha acampado… no muy lejos de aquí…eso me han dicho, hay guardas suyos por toda la zona y posiblemente todo un ejército desplegado en cualquier camino entre Bydona y la capital…

-No puede ser…

Sintió frío en el estómago.

Parecía que aquella mujer podía seguir pasos mejor que un halcón desde el cielo.

-Entonces…¿ nos estaban buscando…?

-No, ese par no, al menos, estos dos solo patrullaban para ver que la zona fuera segura, me han preguntado si había ladrones-se rió débilmente-. Está bien, eso quiere decir que no saben que hemos salido de Bydona… así que su querido “mensajero” no habrá hablado con ella, y Verven tampoco. Tenemos que aprovecharnos de eso… no creo que dure, si no se lo dice Ukar se lo dirá cualquier otro espía que estuviera en la ciudad cuando pase el tiempo y no nos encuentren.

Habían retomado la marcha de nuevo, la Luna empezaba a levantarse y la luz era aceptable.

Durante el camino mantenían la mitad de sus sentidos puestos en cualquier susurro, o mancha fuera de lugar entre la maleza, y la otra mitad con fijod en seguir adelante lo más rápidamente posible.

-El Camino Real se desvía un poco al Este antes de llegar a la Capital-empezó a contar Covan-, es para evitar el río Draíf y las montañas, nos lo encontraremos en unas pocas horas, pero hay un pequeño atajo que lleva más directamente a la capital…

-Ya sé donde es-intervino Menare-, está a pocos metros de el cruce entre Camino Real y Lauce, ¿verdad?, luego sube un poco por la montaña antes de bajar a la rivera del río y de allí directamente al borde suroeste de la capital…

Sonrió orgullosa. Los caminos de Byerne no tenían misterios para ella.

-Ah, sabes eso… me alegro…

La niña bufó.

-Claro que lo sé… seguro que me conozco esta zona mejor que tú…

-No voy a discutírtelo.

Surí empezó a sentirse enferma entonces, realmente enferma, había hecho calor todo el día, y pese a ser noche abierta, el calor no se iba; estaba mareada, y se sentía empeorar por momentos.

Y no era la única.

Vieron el Camino Real, cuando fueron a bajar al cruce Covan patinó y estuvo a punto de caer. Corrió para intentar sujetarle.

-¿Estás bien?

-Sí, creo que he tropezado con algo, no es nada.

Fue un susto afortunado, ya que en aquel momento cruzaron frente a ellos otra pareja de guardias de la Reina a galope, dirigiéndose hacia la capital. No les vieron, pero habían estado tan cerca que todos dejaron escapar un sonoro suspiro de alivio cuando desaparecieron por el camino sin volverse.

El ambiente era increíblemente silencioso y tranquilo cuando pisaron por fin el Camino Real, el lugar parecía aún más grande y solitario de noche. Su suelo era de una piedra muy fina y blanquecina, que destacaba bajo la luz lunar, trazando un marcado contraste entre la oscuridad de las sombras de la maleza y pequeños caminos tortuosos a su linde.

Covan se sentó sobre un trozo de tronco caído, incapaz de seguir fingiendo más tiempo que se sentía bien.

-Menare…-cogió aire-, ¿conoces el atajo?

-Sí, es el que sale a la izquierda.

-Muy bien, vamos a hacer una cosa. Creo que se me ha ocurrido cómo desviar la atención de las patrullas… Ya que la Reina tiene tanto interés en mí, intentaré llamar su atención, que me capturen si hace falta… vosotras seguiréis hasta la capital… no queda mucho, mis hombres están avisados de que hay problemas, no habléis con nadie que no sea de mi guardia, ¿de acuerdo?…

La niña se mostró algo sorprendida pero se encogió de hombros, se había sentado a su lado para descansar un poco, y parecía de acuerdo con la idea.

Surí no.

-Espera, no puedes dejarnos solas, aunque algunas patrullas desvíen su atención seguiremos estando más seguras si vienes con nosotras…

-Voy a serte sincero… no me encuentro tan bien como parece, y si voy a meterme de cabeza en algún conflicto prefiero que sea mientras aún me quedan ganas de pelear… os acabaría retrasando y tendría que quedarme atrás de todas formas… Tú lo pediste, ¿verdad?, quieres llegar a Byerne cuanto antes, es lo único que tenemos…

Se produjo un silencio en el que nadie ni dijo ni hizo nada. Menare parecía querer ponerse en marcha pronto, se había puesto otra vez en pie y paseaba arriba y abajo, y luego volvía a sus compañeros.

-… ¿y si te matan?-dijo finalmente Surí-¿No sería eso conveniente para la Reina?, ¿no es lo que estaba intentando desde el principio?, ¿deshacerse de ti?, podían matarte y fingir que no sabían quién eras…

Le vio poner una cara extraña, como si no hubiera comprendido lo que le estaba diciendo.

-No lucharé si puedo evitarlo, tengo mi sello en la espada, alguien podría reconocerlo, pero lo importante es que lleguéis a Byerne… No lo lograremos con guardias por todas partes, yo llamaré su atención.

No estaba convencida, pero no sabía qué decir, era una locura dejar a Covan allí. ¿Y si le mataban? En incidente del puente del Fendrí le hacía darse cuenta lo mezquinos que podían ser, nadie le atacaría de frente si sabían que era el general, pero el cara a cara nunca había sido un requisito para poder matar.

-Caballos, oigo más caballos…-dijo Menare corriendo hacia ellos en un tono de voz que estaba a medio camino entre el susurro y el chillido histérico. Cuando llegó a la altura de Surí tiró nerviosamente del brazo de su amiga.

El general se había puesto en pie y se preparaba, cogiendo aire.

-Será mejor que no os vean, salid del camino rápido-dijo, Surí se quedó quieta en un momento de silenciosa protesta-. Estaré bien, no es nada…

¿Era triste que fuera precisamente entonces cuando se diera cuenta que Covan mentía muy mal?

Latest Month

June 2016
S M T W T F S
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Tags

Powered by LiveJournal.com
Designed by Tiffany Chow