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NaNoWriMo 09: Fatum

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[ESTOY OCUPADA COMO WOA. VOY A SEGUIR ADELANTE HASTA LOS 50K AL MENOS, LUEGO IGUAL PARO AUNQUE ESTÉ A MEDIAS. PROMETO CONTINUAR CUANDO TENGA MÁS TIEMPO, POR NO DEJAROS CON LA INTRIGA >:D.

EL CAPÍTULO DE HOY ES LARGO LARGO Y TIENE UN POCO DE TODO, INCLUÍDO FRASES ABSURDAS, CIENCIA RARA Y PSICOLOGÍA DE SILLÓN.

AH, SÍ, Y ALGUIEN IMPORTANTE IGUAL MUERE]

Fatum

Capítulo 9

Me despertó un pequeño golpe en la pierna, con los ojos aún entrecerrados estiré el brazo para ver qué era y me encontré con un libro.

Intenté levantarme, sintiendo de nuevo que me dolía todo. Me levanté la manga del brazo y vi la quemadura que la pinza eléctrica me hizo el día anterior. Sentí náuseas, aunque ya no hacía tanto daño.

Al otro lado de la cama, Sophie repasaba los libros que tenía y los iba tirando según no le interesaban.

―Buenos días―dije.

―Buenas días―respondió la joven.

―¿Dónde está Beta?

―Desayuno.

―Oh.

Esperaba que se me pasaran las náuseas para entonces. Decidí que darme una ducha rápida y cambiarme me vendría muy bien.

Beta no tardó mucho en volver, no hablamos, pero cuando estaba a punto de terminar de comer me pasó un teléfono.

―¿Qué es esto?

―Es del Alpha. Mira a ver si puedes sacar algún mensaje o número de ahí.

Lo cogí con dos dedos, sintiendo que las náuseas volvían de nuevo. Realmente no quería volver a recordar la noche anterior, ¿por qué tenía que andar ahora rebuscando en el teléfono de un muerto?

―¿No puedes dejarme cinco minutos antes para relajarme?

Beta se encogió de hombros.

―Aún tenemos que investigar que hay bajo los pabellones, nos vamos en un rato.

―¿‹‹Bajo››?

―Sí, Sophie se acordó de una cosa ayer, por lo visto el acceso está en otro sitio.

La aludida levantó la cabeza y asintió con vigor.

―¡Búnker!—exclamó.

No pude evitar sonreír con la expresividad de Sophie.

―¿Vamos a un búnker? Supongo que podría mirar el móvil por el camino…

―¿Estás preparada entonces?

―No, necesito veinte minutos para meditar, o esta vez quitaré el seguro.

Beta levantó las cejas y sonrió. En su mundo, mi amenaza había sido un chiste. Nunca entendería aquel humor negro suyo.

Tenía dos teorías por las que Beta me había dejado vivir después de la que le monte anoche: la primera, que necesitaba a alguien que se encargara de Sophie, la joven era inteligente, pero había pasado más de media vida en un laboratorio, una memoria artificial no suplía toda una experiencia vital, aún necesitaba readaptación y, además, podía estar en peligro como cualquier otro Beta; la segunda, que Beta no era un calco de Hadrien como el decía, no era un monstruo megalómano, aún si asumía que carecía de identidad, no había nada que le impidiera crearse una, una compasiva.

Eso, compasión, esa era la palabra que buscaba.

Me senté y me relajé, imbuida en mi mente.

Beta y Sophie hablaban algo, algo sobre sus libros. Sophie fruncía mucho el ceño, intentando ser entendida, Beta inclinaba la cabeza, intentando comprender.

Los dos eran únicos, seguro que se sentían muy solos. Nadie en el mundo podría ser capaz de entender lo que les ocurría. Puede que el cariño de Beta hacia ella no tenía nada que ver con Mina.

Respiré hondo. No me podía concentrar. Mi mente se había quedado en cualquier cosa menos en blanco, pero me sentí más tranquila después de aquellos veinte minutos.

Bajamos al coche, en dirección a donde fuera Sophie imaginaba estaba la entrada. Trasteé un poco con el teléfono de Günter, aún un tanto asqueada. Los datos estaban encriptados y los sistemas telefónicos no eran mi fuerte, así que iba a llevar rato.

De todas formas, por las erráticas instrucciones de Sophie, podríamos estar por allí dando vueltas durante días.

―He decidido que ya sé por qué te fugaste realmente―dije, por rellenar el silencio del coche―, fue compasión.

―¿Compasión?, ¿por quién?

―Por ti, por suspuesto.

―Oh, por suspuesto―estaba siendo sarcástico.

―La prueba es que hiciste los mismo en la Abaris, no quisiste dejar que Sophie muriera y te la llevaste contigo. Sentías compasión por la pobre chica que había pasado por lo mismo que tú.

―¿Esperas lograr algo diciendo esto?

―No sé… Me aburro, y me pareció conveniente que tuvieras otra opinión al respecto. Mi teoría me gusta más que la tuya.

―Ya, pero es mi cabeza, no tienes derecho a opinar sobre lo que está dentro de mi cabeza.

Me encogí de hombros. Tenía razón, pero sus pensamientos estaban atascados en un raíl con una sola dirección, mi opinión era intrusiva, pero sólo esperaba que le hiciera pensar que existían diferentes vías y raíles a los que podía subirse.

[HE INTENTADO HACER UNA EXTRAÑA ALEGORÍA A TRENES Y RAÍLES, I FAIL HARD. REWRITE LATER]

Sophie se mostró de acuerdo con mis ideas, de todas formas, se colocó tras Beta y le puso las manos sobre la cabeza.

―¡Compasión!—dijo, como si pudiera metérsela a la fuerza con las manos.

―Sophie, Sophie… me tapas los ojos y estoy conduciendo sin piloto…

―Oh, lo siento.

Continuamos viajando un rato en silencio, Beta estaba serio, lo que era una buena señal, quería decir que estaba pensando sobre lo que había dicho. Sólo veía a Beta ponerse realmente serio cuando era algo relacionado con Hadrien, los Alpha o su venganza. Por lo demás iba de indiferente a aburrido, con momentos de buen humor que solían incluir chistes desagradables.

―¡Ahí, ahí…!—empezó a gritar Sophie, palmeando el asiento de conductor y señalando hacia la derecha―. ¡La colina, es ahí!

―¿Estás segura que es esta?—preguntó Beta―. Hemos pasado por tres parecidas, ya.

―Esta es, esta.

Desde mi ventana no veía más que una elevación alargada de tierra a lo lejos. Nos salimos de la carretera para rodearla, el suelo estaba cubierto de hierbas altas, el coche pegaba botes; había un hueco en la colina, fuera de la vista desde la carretera, y con lo que semejaba un gran desagüe.

―Oh, he conseguido descifrar un mensaje del teléfono―dije, al ver parpadear la ventana de Ada con letras comprensibles―. Hay cuatro más… pero este es el último que le llegó.

―¿Qué dice?

―…‹‹no bajes a la galería…››. Nada más, ¿qué galería?, ¿se referirán al búnker?

―Es posible, si Sophie tiene razón, aún hay como dos kilómetros hasta las fábricas, eso va a ser un túnel bastante largo.

―¿Por qué le dirán que no vaya allí?

―No sé, igual hay algo interesante… ¿no te acuerdas de nada más, Sophie?

―No… ordenadores, secretos… gente vestida de ver… ¡militares! Base secreta militar, es una Base Secreta Militar.

Sophie repetía las palabras como si las estuviera leyendo. A menudo encontraba citas en sus libros que tenían algo que ver con lo que quería decir y las leía en voz alta, ya que ella tenía problemas para dar con las palabras y ordenar las frases.

Así era como se le ocurrían las recetas que obligaba a Beta a cocinar también.

―No me gusta eso de que el búnker sea una base militar―dije―. ¿Qué tratos tenía Hadrien con militares?

―De todo, al menos los que recuerdo, los que me interesan son los que llevaba en secreto.

Llegamos frente a la entrada. A simple vista no era más que uno de esos desagües redondos inmensos, cerrados con una gruesa rejilla de acero.

Daba la impresión de llevar años abandonado, el acero había aguantado bien a la intemperie, pero las señales de advertencia estaba algo raídas. Mencionaban que el paso estaba prohibido, que era de abastecimiento de agua militar, etc. Eso aparecía en inglés, en letón y ruso ponía algo más en letras pequeñas, pero no estaba segura de qué.

Beta estudiaba cómo abrirla. Había un control a un lado, no funcionaba.

―Farah, ¿puedes echarle un vistazo a esto?

Suspiré y cogí mi otro ordenador.

―Si es de los militares no va a ser fácil de abrir.

―Es viejo, ni siquiera está activado, algo podrás hacer.

Tenía razón, era bastante viejo y ni siquiera funcionaba. Comprobé las redes de la zona, estábamos lejos de los pueblos, así que no esperaba ver mucho.

El ordenador me señaló una fuerte red eléctrica cerca, viniendo del interior del desagüe, precisamente.

―¡Qué raro!

Me conecté a ella y me enchufé a la consola de la entrada. Se encendió.

―Ah… Va a llevar un rato… ¿Quieres que siga mirando el teléfono?

Beta hizo un gesto de cansancio.

―¿No puedes ir más rápido?

―Hago lo que puedo, ¿qué has hecho hasta ahora sin mí?

―Llevo más de quince años tras Hadrien… echa cálculos. Si no estuvieras tendría que abrir la reja con un soplete.

―¿Por qué no lo haces?

―¿Has visto el grosor que tienen las barras de acero? Y hay tres capas, tardaría… días.

Le vi alejarse y empezar a trepar entre las rejas, intentando descubrir qué podía haber dentro, pero todo estaba oscuro.

Se me ocurrió que ya que había una red de electricidad dentro, igual podría hacer otra cosa.

Tras unos minutos, el túnel se encendió.

―¿Eh?, ¿qué tal?, ¿tú hubieras podido hacer eso?—pregunté, orgullosa de mí misma.

Beta parpadeó.

―No, ¿cómo lo has hecho?, estoy francamente impresionado.

―Oh, he entrado a la red de energía, no está protegida.

[POR SI ALGUIEN LO PREGUNTA, EN ESTE MUNDO FUTURISTA LA ENERGÍA ELÉCTRICA PUEDE IR POR EL AIRE http://www.tendencias21.net/La-electricidad-sin-cables-ya-es-una-realidad_a1614.html ME TOMO ALGUNAS LIBERTADES PERO PODRÍA SER REAL]

Un rato después, conseguí entrar al control de entrada también y abrirlo. Realmente era un sistema muy viejo, tendrían que actualizarlo. No esperaba que los militares fueran tan poco cuidadosos.

―Venga, sube al coche―ordenó Beta.

―¿Vamos en coche?

―Hay más de dos kilómetros hasta la base del polígono industrial. ¿Quieres ir andando?

―Mmm… no.

Me subí al vehículo y arrancamos. El túnel estaba bien iluminado, el suelo estaba limpio, excepto por algunos nidos de animales, claramente, aquello no era ningún desagüe.

El viaje se hizo un poco largo, estaba preocupada, descubrí que no me gustaban los sitios cerrados bajo tierra.

Al fondo encontramos otra puerta circular, estaba abierta.

Beta bajó del coche y la observó.

―Lleva tiempo así―dijo finalmente.

Sophie y yo nos bajamos también. Mirando con curiosidad a nuestro alrededor.

―¿No te extraña que no haya una alarma o algo así?

―No, parece que está abandonado.

―Entonces, ¿qué hacemos aquí?

―Que los militares lo abandonaran, no quiere decir que Hadrien no dejara algo interesante aquí. Quizá él mismo no supiera que los militares abandonaron este lugar con parte de… lo que fuera que hicieran aquí.

El interior del búnker era otro gran túnel. Había marcas blancas en los lados: un aparcamiento. La distancia entre una marca y otra en ocasiones era enorme.

Pasado el aparcamiento, había módulos prefabricados con oficinas y laboratorios. Había aún algunos archivadores y carpetas con documentos, que Beta empezó a revisar con prontitud.

Encontré también ordenadores. La mayoría no habían sobrellevado bien la humedad de allí abajo, no funcionaban. Los que lo hacían estaban encendidos, pero habían borrado todos los datos, no había forma de sacar nada de ellos, estaban borrados y bien borrados; los militares no se andaban con tonterías.

Oí un fuerte golpe, retumbó en la bóveda.

―¿Qué es eso?—pregunté, asustada.

Beta se guardaba unos papeles en la chaqueta y se volvió hacia el sonido.

―Viene del fondo…

Vi cómo caminaba hacia allí.

―¡Espera!, ¿y si es peligroso?

―No lo sabremos si no lo comprobamos―dijo con imperturbable serenidad.

Eso era Zen, y no lo que el maestro Matsu me enseñó.

Yo preferí quedarme donde estaba. Se oyó otro ruido y la curiosidad me pudo para avanzar un poco más.

Había un gran espacio abierto delante, como otro aparcamiento y, al lado opuesto, una gran puerta aún más fuertemente sellada que las anteriores.

Los golpes venían del otro lado de la puerta.

Me quedé donde estaba, con un terrible presentimiento.

¿Qué tenían allí dentro?

Beta continuaba avanzando como si nada. Sophie llegó hasta mí corriendo, con un cuaderno en la mano, se la veía alterada.

―¿Qué ocurre?, ¿has encontrado algo?

―Malo… malo… malo…es… ¡ah!, no sé…

Cogí el cuaderno, en la portada el texto estaba en ruso, trataba sobre un modelo de… ¿robot? ¿Qué clase de robot?

Sophie me tiraba de la manga y señalaba a Beta.

―Llama, llama… que vuelva…

―¡Beta!, ¡Beta, Sophie quiere que vuelvas!

―¡¿Qué le pasa?!

―¡Está preocupada… podría ser peligroso! ¡Ha encontrado un manual!

Se oyó otro fortísimo golpe, estaba segura que la puerta se había sacudido.

Quería irme de allí.

Beta se quedó quieto donde estaba, pensando qué debería atender primero.

Finalmente, le vi darse la vuelta y venir hacia nosotras.

Cuando llegó a nuestra altura, le tendí el manual.

―Creo que es un tipo de modelo de robot, Sophie lo encontró.

―¿Estás bien?—preguntó Beta, pasándole una mano por la cabeza―. No ocurre nada.

Pasó algunas páginas distraído, luego se detuvo en una especie de planos.

―¿Qué es?—pregunté.

―No estoy seguro, esto sólo es el manual de operación de algunas partes, es un brazo mecánico con un arma de proyectiles. No tengo ni idea de dónde va acoplado, si hay más manuales por ahí igual…

En ese momento, se produje el golpe más fuerte de todos. La puerta definitivamente, no sólo se movió, si no que parte de la misma se salió del quicio. Del otro lado se oyó el chirriar de piezas mecánicas con mala lubricación.

―Deberíamos irnos.

Sophie empezó a tirarme del brazo, de acuerdo conmigo.

Beta, por supuesto, aún quería echar un vistazo.

―¿Creéis que tienen robots de combate ahí dentro de verdad? Si están funcionando, probablemente tengan un sistema de control autóno…

―¡Beta!

―Voy…

Volvimos entre los módulos, a paso ligero. Estábamos casi en el aparcamiento, cuando oímos como si algo estallara, un fuerte choque de metal y, luego, nada.

Vi a Beta volverse un segundo y yo también me giré.

Al fondo del pasillo que formaban los módulos, se adivinaban dos formas metálicas. Se habían quedado paradas, desde allí no distinguía lo que hacían.

―Oh, ya veo.

―¿Qué ves?

―Están desarmados, no tienen munición. Están intentado destruir los módulos con sus proyectiles para pasar, pero no pueden.

―Me alegro.

Se oyó un chirrido, la criatura de metal tenía brazos y los estaba usando para apartar los módulos a lo bestia.

―¿Y eso?—pregunté, menos tranquila.

―Ah…

La criatura avanzó, detrás venía otra, avanzaban despacio, pero pronto empezaron a coger velocidad, reventando metal y cristal a su paso como si fuera papel. Sus piernas tenían ruedas desgastadas y lanzaban chispas al ir cada vez más rápido.

Me giré y eché a correr, sin preguntarme si Beta venía con nosotras.

Cogí a Sophie del brazo y corrimos hacia el coche, atravesando el inmenso aparcamiento. Aún no habíamos llegado al otro lado, cuando el primer robot salió de entre los módulos, rodando hacia nosotros a gran velocidad.

Llegamos a la puerta, se me ocurrió cerrarla, pero lo descarté al darme cuenta que no podría con aquel peso. Me volví a Beta, éste se había detenido y apuntaba a la primera máquina con su pistola. Disparó.

El robot disminuyó la velocidad y levantó uno de sus brazos, adiviné lo que quería hacer, por lo visto, a la estúpida máquina no le entraba en los circuitos que no tenía munición.

Eso no las detuvo, sin embargo, seguían avanzando. Iban hacia nosotros sin ninguna duda.

Aquel debía ser el sistema de alarma.

…entonces me di cuenta que había sido yo la que lo había activado, al encender el sistema eléctrico.

¡Cómo podía ser tan tonta!

Claro que, quien iba a pensar que los militares se habían dejado máquinas de combate allí.

Entré en el coche y abrí inmediatamente mi ordenador. Si aquellos bichos llevaban años allí, probablemente no tendrían baterías, tendrían que estar chupando de la red de energía de la base.

―¡Pon el piloto!—gritó Beta―. Todo recto, que salga de aquí…

Entró al coche, pero continuó apuntando con su arma, disparando en un intento de detener o retrasar a los robots.

Encendí el piloto, el coche arrancó.

Una de las criaturas llegó a la puerta y la empujó, de forma que estuvo a punto de aplastarnos en la caída.

―¿Intentan matarnos?

―¿Ahora te das cuenta?

Las criaturas rodaban a poca distancia tras nosotros, se estaban acercando. Beta disparaba, pero si una llegaba a disminuir su carrera, la siguiente tomaba el relevo.

―Más rápido—pidió Beta.

―El piloto no puede ir más rápido.

―¿No puedes… hackearlo o algo así?

―¡Estoy intentando parra a esas máquinas! ¡No puedo hacerlo todo!—grité, sintiéndome muy desesperada.

Había sido muy fácil encender la red fuera, ahora parecía un mundo de complicaciones.

Sophie pasó al asiento del conductor.

―¿Qué ha…?

Quitó el piloto automático y apretó el acelerador. El coche dio un peligroso bandazo por el cambio, creí que nos íbamos contra la pared, pero Sophie lo enderezó de nuevo.

―Oh, Dios…

Apoyé una mano en la ventanilla, segura de que no lo contaba. Retorné a mi tarea al oír un nuevo disparo de Beta.

―Me quedo sin balas… ¿cómo vas, Farah? No intento meterte prisa, sé que puedes hacer un gran trabajo…

―¡Deja de hablar! Empiezas a ponerme de los nervios cuando hablas como si no ocurriera nada. ¡Nos persiguen robots asesinos!

Y estaba conduciendo el coche una joven que había vivido desde niña en una estación espacial, pero eso lo dejaría para alarmarme más tarde.

Encontré el comando, pulsé y todo se volvió oscuro.

El coche continuó corriendo, de frente entraba la ligera luz del exterior.

Me volví.

―¿Se han parado?

―No… sí…

―¡Sí o no! ¡No les veo!

―Sí, ahora, debían tener una reserva, pero ya están quietos. Sophie, para el coche.

―¿Qué lo pare? ¿Para qué?

―Quiero ver a los robots, podrían tener algo interesante…

―¿Cómo qué?

―Digamos que quiero saber si los creó completamente Hadrien o sólo ayudó. No quiero ir a matarle a su palacio, o dónde demonios esté viviendo, y tenga media docena de estos bien armados esperándome.

Esa era una buena suposición.

―¿Crees que crear su propio ejército mecánico estaría dentro de sus planes para dominar el mundo?

―No directamente, pero tampoco lo descarto como apoyo auxiliar… o, más bien, no creo que Hadrien lo descarte…

Había subido a uno de ellos y, de repente, se quedó parado.

―¿Qué ocurre!

―Me has hecho pensar que igual no tiene media docena, si no un ejército entero, sólo está esperando al momento adecuado para sacarlos.

―Es broma… ¿no? Ni Hadrien sería capaz de montar un ejército de estos sin que nadie se entere…

―De Hadrien me creo cualquier cosa.

Le vi forcejear con varias tapas, había bajado del coche, con más curiosidad a medida que me sentía más segura. Vi que a uno de los robots le faltaba un brazo, probablemente los abandonaron a medias, o por defectuosos.

Lo que podría significar que era muy posible que hubiera completos y funcionales en otra parte del mundo.

―Coge esto.

―Me lanzó una placa con varios circuitos.

―¿Qué es?

―Más trabajo para ti, el cerebro de este cacharro.

―Ah, qué bien.

―He visto varios sensores, creo que sería buena idea salir pronto del país, me temo que alguien ya sabe que los robots se han puesto en marcha.

―¿Hadrien?

―Lo más probable.

Volvimos hacia el coche, Sophie seguía en el asiento del piloto y sonreía.

―No, de eso nada, conduzco yo―dijo Beta.

Sophie frunció el ceño y se quedó donde estaba.

―Sophie, te agradezco mucho que nos salvaras la vida, y te dejaré conducir más otro día, pero ahora tenemos que salir de aquí rápido y tú no has conducido de verdad nunca.

―Está aquí―dijo la joven señalándose la cabeza, aludiendo a su memoria.

―No es lo mismo, Sophie―insistió Beta.

―¿Ah, no?—dijo ella.

―¿Ah, no?—dije yo.

Los ojos verdes de Beta se volvieron hacia mí y me miró como si le hubiera dado una patada en el culo.

Sophie terminó por apartarse del volante, pero se la veía extrañamente orgullosa, mientras que Beta estaba muy serio.

Salimos rápidamente del país, en dirección a Finlandia, Beta lo consideraba más seguro. Necesitábamos resolver algunos detalles antes de poder cruzar la frontera Rusia, así que paramos varios días allí.

―¿Ya sabes dónde vamos a ir una vez en Rusia?—pregunté a Beta, mientras terminaba con el teléfono de Günter.

Estábamos en un agradable piso en las montañas. No era muy grande, pero suficiente para nosotros tres y los libros de Sophie.

―Sí, cogí algunos papeles en la base militar… Es la dirección de otra base, estoy seguro que si tuvieron tratos con Hadrien tienen que saber más de él, tiene que haber información suya en algún fichero del ejército. Si tenemos suerte, sabremos de su nueva pose.

―¿Crees que se la ha dicho a los militares?

―Es posible, dudo que sepan quién es realmente, pero pueden tener contacto con él. Hadrien consiguió su poder ganándose favores de muchos países, probablemente en asuntos como el de los robots… ¿has sacado algo, por cierto?

―No… tengo un equipo muy pequeño aquí.

―Bueno, no importa, haz lo que puedas. La cuestión es que dudo que Hadrien deje tirados los privilegios que le daban esas alianzas por las buenas, y menos ahora que estará débil sin el Fatum e intentando reinstalar su prototipo.

―Así qué intentarás colarte en una base militar operativa y sacar información de alto secreto, ¿verdad?

―Sí.

―No conmigo.

―Aún no te había pedido nada.

―Pero lo harás, los militares están informatizados hasta las orejas, no podrás tú solo.

―¿Y si encuentro la manera de que no te persigan robots ni gente armada?

―…lo pensaré.

Conseguí sacar cuatro mensajes del teléfono de Günter. Los otros tres eran tan poco informativos como el primero: ‹‹Vigilamos de cerca tus errores, muere antes de volver a fallarnos››, ‹‹Letonia es peligrosa, no dejes que lleguen a ver nada›› y ‹‹No hay nada para ti››.

El último, especialmente, era completamente incomprensible.

Se lo dije a Beta, éste se encogió de hombros, como si se esperara aquello, y continuó con sus labores.

―Farah…

―¿Sí?

Me volví, estaba delante de mis ordenadores, él en la cocina, su gesto era un tanto serio.

―Creo que un poco de orégano daría más sabor al filete… ¿Tú qué crees?

Incliné la cabeza. ¿Hablaba en serio?

Sí, sí, totalmente en serio.

―Ah… bueno, en mi casa somos de usar muchas especias, imagino que estará rico. Mal no creo que salga.

Vivir para ver, Beta se estaba volviendo un auténtico cocinillas.

Capté a Sophie por el rabillo del ojo sonriendo satisfecha para sí.

¿Puede que Sophie nos estuviera engañando a todos? ¿Puede que bajo su apariencia inocente fuera una hábil manipuladora?

Era muy posible, me alegraba que al menos estuviera del lado del bien.

Pocos días después, Beta consiguió localizar la base que aparecía en lo papeles. Intenté sacar toda la información de ella posible. No era una base secreta, pero mucha información estaba completamente fuera de mi alcance.

―Tendremos que entrar, entonces.

―Mmm… no.

―Ya pensaré algo, ¿tienes los planos?

―Tengo unos planos, pero son de antes de una ampliación hace treinta años.

―Hay un centro de información y archivo, aquí tienen que tener lo que busco.

―Si no lo han trasladado en ese tiempo.

―Sólo podremos comprobarlo una vez allí, mientras trabajaré sobre este. ¿Has sacado algo en claro del cerebro del robot?

―Sí, que la huella de Hadrien está por todas partes.

―¿Algo más?

―No mucho, tiene un archivo de errores eterno, estoy segura de que eran defectuosos, por eso los dejaron atrás.

―Así que no abandonaron la investigación, sólo a los inútiles.

―Exactamente.

―Eso quiere decir que Hadrien o algún ‹‹sucesor›› se sigue encargando del proyecto.

―Es muy posible.

Le dejé pensar. Observaba los planos del centro de información con mucha atención.

No me hacía ninguna gracia entrar ahí. Lidiar con militares no sonaba interesante, en mis buenos tiempos me había colado en redes… particulares, pero sabía que no era una gran idea hacer tonterías con gente con mejores equipos y más pistolas que yo.

Por otro lado, recibí ofertas de varias empresas de seguridad que trabajaban para el ejército en mi país cuando salí de la universidad, las rechacé, pero algunos amigos las aceptaron. Conociéndolos, el problema con el que me enfrentaba para entrar en una base militar era lo pobre de mi equipo.

Si me ponía a pensarlo en serio, probar a Ada en una base militar sonaba hasta excitante.

Qué demonios. Mi Ada seguro que podría con un pequeño archivo de información, por muy militar que fuera.

―Creo que me gusta Jonathan B. Harker.

Me volví hacia Beta, un tanto confundida.

―¿Perdón?

―Mi nombre: Jonathan B. Harker.

―¿Quieres llamarte Jonathan?—dije con asombro, creía que lo habría olvidado a aquellas alturas.

―Sí, ¿hay algún problema?

―No, ninguno, está bien, es bonito… ¿la B. de qué es…? Oh, da igual, ya lo sé.

―El archivo tiene redes independientes, tendré que conseguir meterte dentro.

―¿Cómo?

―Lo estoy pensando… ―le vi estirarse y suspirar―. Voy a poner la cena, a ver si se me ocurre algo haciendo las patatas.

En cuanto se levantó a la cocina, fui corriendo hacia Sophie, que leía en una butaca-fortín de libros.

―¿Has oído?, se ha puesto nombre, ¿no es genial?

Sophie no contestó, miraba pensativa a Beta.

―¿Ocurre algo?

Rebuscó entre la pila de libros, sacó uno y me lo tendió.

―‹‹Drácula››, es verdad, Jonathan Harker es el nombre del protagonista de Drácula. Creo que nadie se acuerda del pobre Harker, todo el mundo piensa en van Helsing cuando hablan de Drácula.

Sophie negó con la cabeza.

―No es eso, mira este otro personaje…

Abrió el libro por una página y me señaló el nombre de la protagonista.

Mina.

Fruncí el ceño.

―¿Crees que se lo ha puesto por esto?

―No lo sé.

Sophie suspiró y se encogió de hombros. Me incliné sobre ella y le di un abrazo.

―No te preocupes, es una buena noticia, se empieza desde pequeño. Te voy a prometer una cosa―bajé la voz, asegurándome que Be… Jonathan no nos oyera―: si veo que damos con Hadrien y no cambia de postura, intentaré sabotearle para que tarde más, ¿qué te parece?

Volvió a encogerse de hombros.

―No me gusta, pero es mejor que muerto.

Sus ojos castaños revelaban tristeza. Sophie iba a sentirse infelizmente sola si Beta no estaba, le había cogido mucho cariño y me preocupaba que estuviera bien, pero sabía que no podría llegar nunca a comprenderla al mismo nivel que Be… Jonathan.

Si él tanto quería a Sophie, ¿por qué no se daba cuenta?

Poco tiempo después, Jonathan terminó su plan y se decidió el traslado a Rusia.

No iba a negarlo, estaba asustada, pero quería dar con Hadrien tanto como el que más, incluso si lo dejábamos ahora, yo quería seguir. Tenía aún la tarjeta de K.·.I, podría usarla en cualquier momento.

Justo cuando estaba repasando a última hora mi equipo y poniéndolo a punto, descubrí un mensaje más en el móvil de Günter. No había podido recuperarlo entero, pero gran parte era legible: ‹‹La guardería vuelve a estar ocupada[…] pronto››. Tampoco sabía la fecha de emisión, pero calculé que sería viejo, un par de meses al menos.

―¿Qué quiere decir?—le pregunté a Jonathan.

No contestó, tenía un profundo surco sobre la frente. Me di cuenta que le había crecido bastante el pelo de nuevo.

―Iremos a Rusia mañana, de lo que saquemos de allí seguiremos otras pistas―dijo.

No me decía nada. Miré a Sophie en busca de respuestas.

―‹‹La guardería››… Alpha decía así de mi… habitación… en Abaris.

―¿Crees que se referirá a que vuelve a haber gente en la estación?

Se encogió de hombros.

―No, estación no, lo que yo creo… aquí, en Tierra, hay algo… Luego digo, ahora no sé decir.

―Está bien, no te preocupes.

Habíamos robado un coche nuevo para cruzar a Rusia, lo preparé a conciencia para ser discreto, Günter nos había sorprendido en Letonia, teníamos buenas razones para creer que el siguiente salto lógico que Hadrien y sus lacayos seguirían sería la base militar a la que íbamos, no quería que nos volvieran a pillar sin estar preparados ni que nos descubrieran por el camino.

En las semanas que estuvimos en Finlandia también me preparé para trabajar con los sistemas de seguridad del ejército ruso. Me temía que acabaría provocando un conflicto internacional como me pillaran.

A mi padre le iba a dar un infarto.

Me comuniqué incluso con un par de colegas que habían trabajado con programas militares rusos y recibí buenos consejos, también con el hacker más hacker de mi promoción. Iba detrás de mí en la universidad, le di largas porque tenía novio (y era un pesado), pero me pasó un par de interesantes programas que se usaban algunos sectores de inteligencia militar, que era donde había terminado trabajando.

Se la iba a ganar buena como le cazaran compartiendo aquellas cosas, pero… eh, una no podía evitar que la gente aún hiciera locuras por mí.

Probablemente ni el cabrón de mi novio en sus mejores tiempos lo hubiera hecho.

Buscamos un nuevo piso donde alojarnos no muy lejos de la base, pero tampoco tan cerca como para ser sospechoso. Be… Jonathan se encargó de eso, en realidad no quería ni preguntar cómo encontraba pisos vacíos, sabía que estábamos allí sin ningún tipo de permiso de los propietarios.

El plan que tenía pensado era relativamente simple… y un tanto absurdo, aunque podría funcionar. Ya que las redes del interior del archivo eran independientes, necesitaba estar dentro de alguna forma, pero como meterme iba a ser complicado, decidió introducir algo más pequeño.

Una noche, él subiría al tejado del edificio, que estaba en un área un tanto apartada y con poca visibilidad; haría un agujero en el tejado e introduciría un emisor. Yo estaría en el coche, fuera de la base pero dentro del radio de recepción. Una vez consiguiera la señal, entraría en el sistema y buscaría maneras de controlarlo.

Tendría que lograrlo en una noche o dos, si no se darían cuenta.

Una vez controlado, nos tocaría entrar.

Había una habitación de seguridad en el último piso, con guardias y vigilancia. Les enviaría vídeos falsos y abriría la puerta del tejado, Jonathan entraría, dejaría fuera de combate a los guardias con gas para dormir (que tampoco quería saber cómo había conseguido), los amordazaríamos, esconderíamos y desde ahí tendríamos hasta las cuatro de la mañana (que era el siguiente turno) para abrir la caja del archivo e investigar.

―¿De verdad crees que podrás meter un receptor sin más ahí adentro?

―Sí, el tejado no es más que hormigón, tardaré alrededor de una hora en hacer el agujero y otra hora en colocar el emisor. Y ya está.

―¿Y nadie se va a dar cuenta que hay un agujero?, ¿o que suene un sensor o…?

―Voy a hacerlo sobre un almacén, ¿ves?, y no hay sensores en el último piso, la mayor parte de la seguridad está alrededor de la cámara del archivo, no en el tejado. Y si han cambiado algo… mala suerte, huiré como pueda y ya pensaremos otra cosa.

Yo no tenía las cosas tan claras, claro que tampoco tenía ninguna alternativa decente, ni observación importante que hacer; sólo estaba nerviosa.

La primera noche que salimos, Sophie se pasó dos minutos abrazada a cada uno.

―Volveremos, Sophie. No te preocupes.

Cogimos el coche nuevo y nos acercamos a la estación, lo truqué para que fuera lo más silencioso y disimulado posible.

[OTRA NOTA TÉCNICA. EN ESTE FUTURO LOS COCHES SON ELÉCTRICOS, ASÍ QUE APENAS HACEN RUIDO, PERO HE IMAGINADO QUE LLEVARÍAN RUIDO ARTIFICIAL PARA EVITAR ACCIDENTES]

Vi a Jonathan salir con una mochila con el equipo. El archivo estaba apartado y la valla no muy vigilada en aquella zona. Observé con los nervios de punta cómo la abría por debajo y se colaba, luego colocaba algunos arbustos para disimular el agujero.

A continuación atravesó la distancia hasta el edificio entre cualquier sombra que pudiera encontrar. Para cuando llegó ya no le veía, toqueteaba las teclas de Ada, sólo por los nervios. Sabía que aún me quedaban un par de horas como mínimo de espera, tenía un buen tarro de café y galletas de chocolate que Jonathan y Sophie habían preparado juntos por la mañana.

Miraba con desesperación el cielo nocturno, pensando que mi compañero se tenía que haber caído del tejado y roto las piernas, cuando el aviso de nuevas redes parpadeó en la pantalla de Ada.

Di un brinco, entusiasmada, sorprendida, aliviada y asustada. Todo junto.

Me froté las manos y empecé con mi trabajo.

Poco después, alguien tocó la ventanilla del coche, y estuvo a punto de darme un infarto.

Era Jonathan. Se estaba riendo.

―No ha tenido ninguna gracia―le dije en cuanto entró de nuevo al coche.

―Ni siquiera lo he hecho para asustarte, así que no te enfades. ¿Cómo vas?

―Estoy en ello, es complicado.

―Te creo, voy a dormir un rato, si no te importa. Avísame cuando completes algo o empiece a hacerse de día.

Le vi reclinar el asiento y echarse con un almohadón bajo la cabeza.

Qué solidario él.

Tres horas después, aún no había entrado, pero tenía suficiente información como para trabajar desde casa y completarlo todo la noche siguiente.

Cuando regresamos, Sophie nos saludó con abrazos de tres minutos.

Yo me dejé caer sobre el sofá cama que compartíamos, acordándome vagamente de quitarme los zapatos al menos.

A la mañana siguiente, Sophie me estaba mirando fijamente.

―Eres muy guapa―me dijo.

―Nng… gracias, Sophie, tú también eres preciosa, pero sabes que no me gusta que me miren mientras duermo.

―Perdona.

―¿Qué hay para desayunar?

―Tortitas con chocolate caliente o sirope de fresa.

―Oh, estupendo.

―¿Te traigo?

―Acércamelo al ordenador, tengo mucho que trabajar hoy.

Al menos el despertar había sido bueno. Podía estar cansada, pero el día prometía.

Abrí mis queridos aparatos y me puse en marcha, a terminar lo que me quedaba del día anterior.

―¿Tienes pareja, Farah?

Sophie me trajo una bandeja llena de comida. Jonathan se había esmerado hoy, en aquel momento leía el periódico en ruso, con un tazón de café en la mano.

Suspiré hondamente antes de contestar.

―No.

―¿Por qué?

―No lo sé, he tenido mala suerte desde que mi ex novio me dejó.

―¿Ex?, ¿por qué?

―Se fue con otra―intenté decirlo de forma casual, pero sabía que se me veía la amargura a distancia, no podía evitarlo.

―Oooh…―respondió Sophie, dándome un cariñoso abrazo.

―Ah, está bien, han pasado más de cuatro años, no importa ya.

―Ex estúpido, Farah mejor chica del mundo.

―Ja, ja… gracias Sophie, eres un amor.

―Sophie, deja a Farah, está trabajando―intervino Jonathan, dejándose ver por detrás del periódico.

La joven me soltó y se puso en pie.

―¡Grosero!—le dijo, levantando las manos, y se sentó sobre la cama a seguir leyendo.

No pude evitar reírme ante el gesto de confusión del pobre Jonathan.

Terminé antes de comer, así que aproveché para dormir un poco más. Después me volví a levantar y terminé de nuevo cosas que ya estaban hechas, pero por si acaso.

Aquella noche iba a colarme en una base militar. Y no estaba abandonada aquella vez.

Sophie nos dio abrazos de cinco minutos. Pidiéndole perdón a Jonathan por llamarle grosero.

Al cerrar la puerta del piso sentí un escalofrío.

―¿Estás bien?—preguntó Jonathan.

―Sí, creo que sí.

―Pues vamos.

Bajamos al coche, por el camino rezaba para que alguien hubiese descubierto el agujero en la verja y estuviera todo lleno de seguridad. Así tendríamos que esperar a otro día.

Sabía que era un deseo estúpido, pero estaba muy asustada.

Dejamos el coche en un sitio ligeramente distinto al de la noche anterior.

Seguí a Jonathan entre la oscuridad y las hierbas bajas, comprobando que no pasaba ninguna patrulla ni guardia cerca.

―Vamos―dijo, apartando los arbustos junto a la verja.

Metí primero mis ordenadores y luego crucé arrastrándome.

Al otro lado, corrí hasta las sombras de un pequeño edificio, que tenía entendido era un baño, allí esperé a mi compañero, que se lo tomaba con parsimonia.

Volví a seguirle.

Para llegar al tejado, con una especie de ballesta lanzó un gancho con una cuerda y trepó. Yo no sabía subir así, probablemente acabaría colgada como una patata inútil en el extremo. Esperé a que Jonathan llegara arriba, luego me enganché la cuerda a un arnés y me subió.

―No me lo puedo creer, estamos arriba—dije al tocar suelo.

―La puerta está allí, ¿podrás abrirla?

―Sí, ense… no, espera, primero tengo que pasarles los vídeos a los de seguridad.

―De acuerdo, date prisa.

―Ya sé…

Me temblaban los dedos, no acertaba con las teclas.

―Creo que ya está.

―¿Lo crees?

―Estaré segura si nos descubren o no.

―Buen plan.

―A ti esto te divierte, ¿verdad?

―Sí, tiene su gracia, ¿no crees?

―No.

Mi respuesta no le impidió reírse.

Abrimos la puerta. Dentro hacía un poco menos de frío, mis dedos seguían inoperativos, de cualquier forma.

Esperé en una esquina de las escaleras de bajada a que Jonathan hiciera su trabajo en aquella parte del plan.

Si le pillaban nos iban a coger a los dos, porque yo no estaba por la labor de volver por la cuerda. No era un edificio muy alto, algo más de dos plantas, pero lo suficiente para mí.

Poco después, vi a Jonathan arrastrando dos cuerpos por el pasillo.

―Ya está―me indicó―, ve a la sala de control y mira a ver si puedes abrir la puerta de la cámara.

―Bien… ¿seguro que sólo están dormidos?

―Sí, vete.

Corrí hacia allí, en el aire todavía flotaba un olor extraño, parte del gas. Esperaba no terminar dormida yo también.

La sala de control era menos espectacular de lo que esperaba. Pequeña, con armarios con armas y ropa, media docena de pantallas de seguridad y apenas un par de ordenadores.

Jonathan volvió poco después.

―¿Lo tienes?—preguntó.

―Casi, puedes ir marchando si quieres, en la planta baja no hay luz, lleva una linterna.

―¿No puedes encenderla?

―Sí, pero igual se dan cuenta de lo que pasa desde fuera.

―Claro, tienes razón.

Fue hasta uno de los armarios de los guardias y cogió una linterna, luego le vi desaparecer por el pasillo.

No había cámaras de seguridad en la escalera de bajada, así que sólo pude verle cuando estaba ya en el piso inferior, delante de la puerta.

Las lucecitas del control pasaron de rojas a verdes en cuanto conseguí activarla.

Jonathan entró de inmediato, corrió por los pasillos, siguiendo alguna pista o su propio instinto.

Me froté las manos, pensando que las cosas funcionaban bien. Igual en menos de un par de horas estábamos de nuevo en casa, hablando con Sophie de lo que habíamos encontrado.

Qué ganas de regresar a un sitio tranquilo y seguro.

No estaba prestando atención a las pantallas. Asumía que no hacia falta, si daban con nosotros imaginaba que sonarían alarmas y se formaría y buen escándalo.

No vi al hombre hasta que estaba ya dentro del edificio.

Abajo, todo permanecía a oscuras, la figura de un desconocido se recortaba en la entrada por la luz que atravesaba la puerta principal. Vi con angustia cómo llevaba el brazo levantado, una pistola.

¿No debería dar la voz de alarma?

No estaba segura de lo que hacer, no tenía forma de comunicarme con Jonathan desde allí. Las que se me ocurrían podrían servir sólo para llamar la atención, podría empeorar aún más las cosas.

El hombre se acercaba a la cámara con cuidado, parecía saber por donde se movía, no podía verle la cara, todo seguía a oscuras, las cámaras llevaban incorporada luz nocturna, pero sólo enviaban sombras, pocos detalles.

Iba directo hacia donde Jonathan estaba, como si supiera dónde encontrarle. Mientras, éste seguía buscando, revolviendo papeles, guardando algunos en su mochila, ajeno a todo.

Llevaba una linterna, el desconocido una pistola preparada.

Si no había dado la voz de alarma… sería por algo.

Empecé a escribir órdenes en la pantalla, buscando un comando que me fuera útil. Di con la luz de la cámara, la cámara no se vería desde fuera, ¿verdad?

Lo activé.

En la pantalla de luz nocturna hubo un fogonazo, durante unos segundos estuvo a ciegas, pero por lo visto, abajo también.

Jonathan se había vuelto sorprendido, descubriendo al hombre de la pistola. Los colores de la pantalla eran brillantes y difusos, pero tuve la impresión de que palidecía.

El desconocido estaba confundido también, por alguna inexplicable razón, Jonathan no aprovechó aquella ventaja, sacó su propia arma tarde.

Contemple con estupor e incomprensión como el desconocido le disparaba, dos veces. Jonathan cayó al suelo como si no fuera más que un muñeco.

Grité y me alejé de la pantalla.

No podía ser verdad, aquello no podía estar pasando.

Los ojos se me llenaron de lágrimas, empañando mi vista.

Oh, Dios. Beta. Jonathan…

Volví a acercarme, tocando la fría pantalla como si pudiera realmente llegar hasta él.

Una mancha oscura empezó a surgir bajo su cuerpo, vi que un brazo se movió. Seguía vivo, pero ¿cómo…?

Entonces me di cuenta que el hombre de la pistola no estaba en la imagen.

Busqué en el resto de pantallas con pavor. No lo encontraba, no aparecía por ninguna parte…

Recordé que las escaleras de subida no tenían cámaras.

Miré hacia la puerta abierta, reconociendo el ruido de suaves pisadas contra las escaleras metálicas.

Corrí a cerrarla, no tenía más que una simple llave para cerrarse y yo no tenía ni idea de dónde estaría.

Probablemente con los guardias, allá donde Jonathan los hubiera dejado.

Temblaba como una hoja, el corazón me latía a toda velocidad.

Busqué algo en los armarios para bloquearla, entonces me di cuenta.

Los armarios.

Empujé, quería dejarlos contra la puerta, pero pesaban; se inclinaron peligrosamente y, finalmente, quedaron caídos entre la puerta y la pared contraria, dejándola atascada de todas formas.

Cogí mis ordenadores y me senté en una esquina, pensando qué hacer a continuación.

En ese momento, alguien intentó abrir la puerta.

El armario aguantaba bien, de lo cual me alegré. Por las pantallas, pude ver cómo el hombre forcejeaba con la manilla. Seguía sin verle la cara, era casi como si se estuviera ocultando adrede.

Pensé en dar la voz de alarma yo misma, era mejor ser capturado que dejar que Jonathan muriera allí…

Sonó un disparo.

Grité y me escondí aún más aún en la sala. El tipo volvió a forcejear con la puerta y, aquella vez, el armario empezó a ceder.

Me iba a coger. Me iba a coger.

¿Y qué pasaba si alertaba a los militares?

Aquel tipo se paseaba por allí como Pedro por su casa, ¿qué iban a hacer ellos?

¿Qué iba a hacer yo?

Y Jonathan se desangraba…

Sólo quería hacerme una pelota y llorar.

En la pantalla de Ada parpadeaba la línea de introducción de datos, preguntándome qué quería hacer como una servidora fiel.

Entonces tuve una súbita inspiración. Saqué la tarjeta de K.·.I y envié un mensaje.

::Estación Militar en Rusia. Han disparado a Beta. Estoy atrapada.

La respuesta fue inmediata.

::Coordenadas.

Las envié.

::Puedo enviar un helicóptero de emergencias en 10 minutos, pero los militares pueden descubrirlo.

::Yo me encargo de distraerlos.

No estaba muy segura de aquello, pero era lo mejor que podría intentar.

El desconocido se lanzó contra la puerta, el armario cedió un poco más.

Entre las rendijas, vi parte de su rostro, estaba buscándome. Entonces se apartó y vi el arma.

Me abracé a Ada y corrí hacia otra esquina de la habitación, tras otros armarios y fuera de su ángulo de tiro.

::Deprisa, por favor.

::Ya les he llamado, están en camino. ¿Está Beta contigo?

::No… está en la planta baja, yo estoy atrapada, hay un tipo con un arma en la puerta.

::¿Qué habéis estado haciendo?

::No estoy segura, la verdad.

El armario cedió un poco más.

Me puse en pie y me lancé contra el mismo, volviendo a cerrar la puerta de golpe. Al otro lado, el desconocido gruñó.

―¡Cállate, gilipollas!

No sé por qué le grité eso.

Volví corriendo al ordenador, esperando más mensajes.

::El helicóptero está a 5 minutos. Empieza a distraer a los militares.

Busqué entre las redes eléctricas la general de la base, a diferencia de la que tenían abandonada en Letonia, aquella tenía una ligera contraseña. Que no me iba a durar mucho, de cualquier forma.

Las partes importantes de la base tenían redes independientes, como aquel edificio, aún así, iba a dejarlo todo bien a oscuras durante un rato.

Apagué.

::Dos minutos. Envía una señal para que el helicóptero reconozca el edificio.

::Voy.

Por las pantallas, pude ver como el tipo de la pistola se había asomado a la ventana, contemplando el apagón, entonces se dio la vuelta y bajó de nuevo por las escaleras.

Continué observando, esperando con tensión que apareciera de nuevo, me di cuenta que iba hacia la cámara otra vez.

―Ah, no, no vas a rematarle, cabrón.

Cerré la puerta. Vi cómo intentaba echar a correr hacia allí al darse cuenta y chocar con frustración contra ella.

―¡Ja!, ¡jódete!

En el exterior las cosas empezaban a agitarse. El tipo de la pistola debió considerar que sería mejor marcharse, dio una patada a la puerta de la cámara y luego se dirigió a la salida del edificio a paso ligero.

Me di cuenta que los militares podrían entrar allí cuando vieran el helicóptero, cerrar el resto de entradas sonaba como una buena idea.

Oí un motor entonces, el helicóptero estaba sobre nosotros.

Fuera, la gente empezaba a dirigirse hacia allí.

Aparté de nuevo el armario como pude, dejando que cayera finalmente a peso hacia un costado.

Corrí hacia la puerta del tejado y les hice señas.

Del helicóptero bajaron tres personas. Dos parecían médicos, el otro no estoy segura.

Empecé a contarles lo que había pasado, no sé si me entendían, no me entendía ni a mí misma. Les llevé hasta abajo, había encendido todas las luces, no iba a poder disimular de todas formas.

En el exterior, los militares intentaban abrir la puerta.

Los médicos tumbaron a Jonathan en la camilla.

―¿No se mueve?, ¿no se mueve?—dije, sin ser capaz de articular otra cosa.

No me respondieron. Volvimos de nuevo arriba, corriendo, toda la acción no duraría ni un minuto, pero me pareció eterno. Podía recordar algunos detalles como si fuera de día, recuerdo ver la mochila de Jonathan en el suelo, negra, cerca de la sangre roja. El suelo era de color claro y encontré la sangre de un tono extrañamente intenso.

Cogí la mochila, sabía que Jonathan se iba a enfadar si se me olvidaba. Eso también recuerdo.

Llegamos al helicóptero, al subir, el tipo que no estaba segura que fuera médico me tendió la mano y me ayudó.

―Soy Alex―tenía acento ruso―, de ki. ¿Está bien?

―Sí, sí… yo estoy bien.

―No se preocupe por nada, le dejaremos en un buen sitio.

En ese momento algo estalló.

―¿Nos disparan?

―No, hemos sido nosotros.

―¿Para qué?

―Para que no nos disparen.

Vi cómo se formaba una inmensa nube de humo sobre nuestras cabezas, un humo azul y extraño.

―¿Qué es esto?

―Oh, microbots especiales, último de lo último en Industrias Kei. No nos verán ni ellos ni sus aparatos durante un buen rato.

El helicóptero se elevó en el aire y salió de la base a toda velocidad.

Vi a los médicos trabajando sobre Jonathan como podían dentro del aparato.

―¿Cómo… cómo…?—intenté preguntarle a uno.

No respondió, pero su rostro no me inspiraba ninguna confianza. Trabajaron sin descanso todo el trayecto, yo sólo podía apartarme y dejarles hacer.

Empecé a llorar de nuevo. ¿Cómo demonios iba a explicarle aquello a Sophie?

Comments

( 2 comments — Leave a comment )
angard
Nov. 14th, 2010 04:20 pm (UTC)

mmm
aranya_mx
Nov. 14th, 2010 11:03 pm (UTC)
:(
( 2 comments — Leave a comment )

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