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NaNoWrimo 2013: Los Reinos Solares 04

[VENGA, OS SUBO UNOS MAPITAS, TÓ CUTRES PORQUE SON ESQUEMAS QUE ME HAGO YO PARA TENER UNA IDEA:


VISTA SUPERIOR

VISTA SUPERIOR


VISTA LATERAL

VISTA LATERAL


BÁSICAMENTE LA TIERRA ES PLANA Y ESTÁ RODEADA POR UNA ESPECIE DE ATMÓSFERA EN FORMA DE HUEVO PORQUE LAS LEYES DE LA FÍSICA SOLO SON SUGERENCIAS. A UN LADO EL MUNDO SE PARECE AL NUESTRO Y AL OTRO ES MARTE O YO QUE SÉ. SI NO ENTENDÉIS MI LETRA, LO SIENTO. AHORA, AL CAPÍTULO]


 


Los Reinos Solares


Musgo


Sin saber cuánto tiempo había pasado, vio que el cielo comenzaba a iluminarse, poco a poco, la noche se transformó en una madrugada, y el Sol Cálido salió del este del Fin del Mundo.


Se encontraba tan profundamente desorientada, que tardó en comprender lo que contemplaba. Veía el cielo: azul, tanto oscuro como pálido. Veía el horizonte frente a ella. Veía una gran llanura cubierta de hierba corta y azulona.


No había niebla en ninguna parte.


En algún momento había adoptado una posición en cuclillas, abrazada a sí misma. Comenzó a desdoblarse y se levantó, mirando en todas direcciones.


Pudo reconocer tras ella, con claridad, los perfiles de la Cordillera del Refugio. Ni siquiera había logrado viajar muy lejos, así que no estaba completamente perdida.


¿Dónde estaba la niebla, entonces? Incluso en los mejores días, las brumas dominaban el paisaje, pero, en aquel momento, apenas veía pálidos jirones de humedad alzándose al aire a medida que el Sol Cálido tocaba el suelo.


El cielo también estaba completamente despejado, no había ni una nube, nada. Guiñó los ojos individualmente varias veces, intentando descubrir si había algo que se le estaba pasando por alto, pero la única magia que veía era la normal en una madrugada bajo el Cielo Azul.


‹‹No lo entiendo…››


Miró a las montañas, siempre preguntaba a los Ancianos cuando no entendía algo, pero recordó que había salido de allí por una buena razón.


Continuó andando en dirección norte, aún confundida, pero manteniendo la misma intención de ir a alertar a su familia de la cercanía de los Hechiceros.


‹‹Pero ya es de día, ¿y si es muy tarde?››


Sintió que las lágrimas volvían a brotar. Ya no necesitaba el gorro, de hecho, hacía bastante calor pese a ser tan de mañana, así que retiró las protecciones de su cara y las ató sobre su cabeza, para que no molestaran.


No había viajado nunca a su poblado, aunque podía adivinar dónde debiera encontrarse. Estaba a menos de un día de distancia del Refugio, hacia el norte todo el tiempo, y luego ligeramente al este, donde había un río grande.


El pueblo estaba situado en una elevación en el recodo del río, así que Erëyre razonaba que no podía pasárselo por alto con facilidad. Luego estaba la Roca de la Reina, la gran piedra que se levantaba siempre en el centro de los poblados de los Caminantes, como ofrenda a la Reina del Entremundos para que les dejara vivir allí.


Vio una gran piedra en la lejanía y corrió hacia allí. Al acercarse se dio cuenta que no podía ser la que buscaba. La Roca de la Reina solía ser larga, como dos hombres de altura, y estaba hundida en la tierra.


Aquella era inmensa, casi perfectamente esférica y se alzaba quieta sobre la tierra, parecía que únicamente el musgo la mantenía sujeta para no caerse.


¿De dónde había salido una piedra de aquel tamaño?


Con curiosidad, intentó empujarla con una pierna, pero, pese a su apariencia inestable, la roca si quiera tembló.


Había más trozos de roca por todas partes en aquel lugar, rocas redondeadas, algunas quebradas por los elementos, a veces arremolinadas en grupos, por donde crecía musgo espeso, otras grandes y en solitario. Ninguna se parecía a la roca que buscaba.


Finalmente, encontró un gran río, pero estaba más al este de lo que creía debiera encontrarse, y no vislumbraba ninguna elevación en recodo alguno.


Era pasado medio día, consideró si debería viajar aún más al norte, cuando vio una elevación donde podría observar mejor el terreno y, al subir, se dio cuenta que había algo asomando en el alto.


‹‹¡La Roca de la Reina!››


Corrió hacia allí, segura de que aquella vez tenía razón, pero, al llegar arriba, descubrió que no había nada. Sí, la roca era exactamente como se la habían descrito, pero no había poblado.


Miró a su alrededor, el río muy al este, la llanura plana, no había ningún lugar en las cercanías como se lo habían descrito. Se acercó a la roca y deslizó los dedos entre el musgo. Había símbolos grabados en ella, símbolos de los Caminantes, aquella piedra había tenido que ser el centro de algún poblado en algún momento, pero el único en las cercanías era el Pueblo del Muro y no había oído que se hubieran mudado en la última generación.


Quitó más musgo y descubrió símbolos que no se correspondían con los demás. Se apartó hacia atrás, desconcertada, pero una parte de su cerebro entendía lo que veía. Los Ancianos le habían hablado de toda clase de símbolos, no solo de los Caminantes, también de los Hechiceros.


Los Hechiceros habían estado allí.


―No, no…


Los símbolos se leían como una señal para otros Hechiceros que pudieran llegar hasta allí, la señal decía que todos los enemigos en la zona se habían eliminado.


―No…


Arrancó el musgo con las uñas, buscando nuevos mensajes, pero aquello era todo lo que había.


Se llevó las manos a la cabeza y se echó a llorar.


Había llegado muy tarde, entonces, los Hechiceros habían llegado y habían asesinado a todo el poblado.


Levantó la cabeza, aún con los ojos empapados de lágrimas, intentando entender por qué no veía a su alrededor restos de hogares.


‹‹¿Y por qué hay tanto musgo sobre la Roca?››


No era el resultado de un solo de día ausencia, y los poblados no desaparecían sin más, ni siquiera cuando los atacaba la magia de los Hechiceros.


No entendía nada.


Decidió regresar a las montañas, que los Ancianos le explicaran, ellos deberían saber qué había pasado.


Tardó menos de lo que esperaba en estar de vuelta en las montañas, puede que el camino fuera más sencillo de seguir gracias a la ausencia de niebla.


Al llegar, sin embargo, pronto notó que algo marchaba mal.


Había piedras que no estaban donde debían, una galería había desaparecido y, aún considerando que los Ancianos eran muy discretos y silenciosos, no fue capaz de encontrarse a ninguno por el camino.


Intentó llegar hasta la gran cámara donde meditaban, pero los cristales luminiscentes no funcionaban, todo estaba oscuro.


―¿Hola!—llamó, preocupada―, ¿dónde estáis? ¿Hola?


Aquello estaba acabando con sus nervios, pateó el suelo con rabia varias veces. Si intentaban castigarla de alguna forma para darle una lección, no tenía gracia.


―¡Salid! ¡Salid! ¿Por qué está todo tan oscuro? ¡Salid y ayudadme! ¡Sé que estáis ahí! ¡Salid!


Pero nadie respondió, ni siquiera Avellana.


―¡SALID!—gritó, con toda la fuerza de sus pulmones, su voz hizo ecos entre las galerías―. Salid… por favor…


No había nadie. Su voz se quebró.


 


 


[SITIO RARO PARA ACABAR, LO SIENTO, PROMETO VOLVER A SUBIR CAPÍTULO PRONTITO]




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