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NaNoWrimo 2013: Los Reinos Solares 08

[HOLA. HE HECHO UN DIBUJITO DE EMPERATRIZ E INQUIETO, POR NINGUNA OTRA RAZÓN QUE ME APETECÍA. ESTOY A UN PELO DE ACABAR EN NANO, Y LO HUBIERA HECHO AYER SI NO FUERA PORQUE MI ORDENADOR ME ODIA, PERO GÜENO. AQUÍ DEJO OTRO CAPÍTULO. QUIZÁ SUBA UN PAR DE CAPÍTULOS MÁS, AUNQUE NO EL NANO ENTERO. YA VERÉ]


EmperatrizeInquieto02


Los Reinos Solares


8. El Entremundo


En el interior de la Tierra, la oscuridad era completa, lo único que le permitía ver era el resplandor aris de Emperatriz, y lo único por lo que la zorra se guiaba era su oído y su olfato. Afortunadamente, ambos eran muy buenos.


―¿Crees que podrán seguirnos?—le preguntó, mirando atrás, hacia el fondo del tunel―. Estamos saliendo del Reino del Cielo Azul, este ya no es tu territorio.


―¿Y? Tampoco el suyo―observó con sencillez―. Oooh… huelo a comida…


―¿Comida?


―Sí, bichos… por aquí…


―Estamos huyendo, no hay tiempo para comer.


―Pero estos bichos te van a gustar, ya verás.


―¿Qué estás…?


Detuvo sus palabras al darse cuenta que empezaba a ver un resplandor verdoso saliendo por una de las esquinas de la galería, se acercaron allí y se encontraron una sala entera llena de enormes criaturas aladas, con traseros luminosos.


―¿Qué… son?


―Luciérnagas, ¿nunca has visto luciérnagas?


―No, aunque creo que he oído hablar de ellas… no con este tamaño.


―En el Entremundo algunas criaturas adquieren formas extrañas, coge una, te ayudará a andar.


―¿Son peligrosas?


―No, dale un poco de esa pelotita pegajosa que llevas―se refería al dulce de miel con almendras que le quedaba.


La luz de las luciérnagas era preciosa, pero los insectos en sí le parecían unos bichos bastante feos, intentando sobreponerse al desagrado, ofreció a uno un trozo de su dulce. Varios extendieron sus antenas hasta ella.


―No, no… uno solo, por favor―dijo, apartando, entre la delicadeza y el asco, algunos de aquellos apéndices.


Finalmente consiguió que uno se subiera a su hombro, mientras lanzaba ocasionalmente un tubito bajo sus ojos al dulce en su mano, parecía que no cogía nada cada vez.


No eran unos insectos tan feos, si los miraba mucho tiempo.


Avanzaron más rápido gracias a la nueva luz, aunque no todo era tranquilizador, ya que podía ver extraños seres deambulando por las paredes, creía que el interior de la tierra estaría vacío, pero las paredes de aquellas galerías estaban continuamente moviéndose a causa de sus habitantes.


―¿Hueles a los lobos?—preguntó, intentando distraerse con algo más peligroso.


―No, y a estas alturas tendrán problemas para seguirnos, hemos pasado algunos puntos de olor que no serán capaces de descifrar, ja, ja.


―¿Puntos de olor?


―No lo entenderías.


Erëyre se sintió un poco ofendida.


―Al menos podrías intentar explicármelo.


―Sitios con olores muy fuertes y diversos, hemos pasado unas flores que olían a cadáver ahí atrás, ¿no lo has notado?


―He notado un olor raro, no sabía decirte de qué.


―Camuflará nuestro olor, lobos estúpidos y con su poder limitado aquí abajo, no tienen nada que en una lucha al despiste conmigo, ja, ja, ja.


―¿Podrás avisarme si encuentras un sito seguro donde podamos dormir?


―Umm, ¿qué piensas que estoy intentado hacer? ¿Crees que a mí me gusta dar vueltas de noche? Soy diurna. Por cierto, a Inquieto le has dado las gracias dos veces, a mí solo una.


Sonaba herida.


―Oh, bueno, lo siento, muchas gracias por ayudarme.


―De nada, mira, aquí huelo algo que puede ser interesante.


Entraron en otra galería con un olor fuerte, aunque aquella vez no era malo, a su alrededor, creciendo sobre el suelo, paredes y techo, había varias setas de diferentes formas y tamaños, la galería era muy grande y, aún así, tenía que abrirse paso empujando a las setas, algunas tenían un extraño polvillo que volaba por todas partes cuando las sacudía al pasar.


―Espero que no sea tóxico…―consiguió decir antes de estornudar por el polvo.


―Creo que aquí estaremos bien, allí veo un escondrijo. Dormiremos un rato, antes de seguir.


―¿Y qué haremos mañana?


―No lo sé, la idea de bajar aquí fue tuya.


―Quiero buscar ayuda para enviar un mensaje a mi familia, pero no entiendo lo que hay aquí.


Emperatriz se detuvo y la miró, una de sus orejas se sacudió involuntariamente.


―¿Enviar un mensaje?… Bueno, supongo que eso no es muy grave… Ya buscaremos más mañana.


Erëyre se acurrucó en un hueco entre varias setas gigantes, la luciérnaga se quedó un tiempo revoloteando por allí, chupando el polvillo sobre las setas. Le había parecido que era dulce, cuando le entró por la nariz.


Su compañera se hizo un ovillo en su regazo, aunque allí hacía quizá demasiado calor como para intentar meterse entre sus ropas.


―Tú tampoco me has dado las gracias―le dijo.


Emperatriz levantó las orejas.


―¿Por qué?


―Continuamente te cuelas en mi pelliza.


―Ah, eso, gracias por el calorcito.


Se rió.


―De nada.


Apoyó la cabeza sobre el tronco de una de las setas, era bastante suave. Sintió, como por primera vez, toda la tensión y el cansancio que se había acumulado en su cuerpo, pero dejó que la abandonara, el sueño vino con rapidez.


Al despertar se irguió desorientada, le había parecido oír a alguien gritar, pero al mirar a su alrededor solo vio los perfiles de grandes setas. Estaba en el Entramando, y el silencio a su alrededor era más aplastante que el grito.


―¿Es ya de día?—preguntó.


Emperatriz dio una vuelta en su regazo y volvió a tumbarse.


―No en mi cabeza.


Intentó dormir otra vez, pero no lo conseguía. La luciérnaga estaba en algún punto alejado de la galería, aún podía ver parte de su resplandor.


Cuando la cabeza de Emperatriz decidió que era hora de levantarse, lo primero que buscaron fue agua para beber. Después, algo de comer. La zorrita estaba en el paraíso, con bichos dispersos por todas partes, aunque el primero que intentó morder le lanzó algo a la cara que le hizo correr y aullar en todas direcciones.


Ella tenía más problemas ya que, aunque había plantas, no estaba segura de que ninguna de la peculiar flora de allí pudiera ser comestible, aunque no sabría si no probaba.


Cogió un par de setas, lamió una, mordió un tracito minúsculo que masticó hasta que no tenía ningún sabor, luego lo tragó. Comió algunas de las bayas que recogiera al día anterior y se guardó las setas, si en un rato no notaba ningún efecto raro, se las comería también.


Emperatriz había decidido avanzar más hacia el interior, decía que notaba más calor allí y eso le gustaba.


Se dio cuenta que había más zonas que resplandecían, primero tenuemente, pero, luego, con más fuerza. Había granos de arena en las paredes que emitían un suave brillo verdoso, no llegaban a ser cristales grandes y rectos, como los que usaban los Ancianos, pero era mejor que buscar continuamente una luciérnaga.


Al ir avanzando, también aparecieron nuevas plantas, muchas de las criaturas de las paredes se fueron sustituidas por la vegetación, aunque ocasionalmente aún se cruzaban a algún insecto enorme.


No estaba segura de en qué dirección iban, no tenía ninguna orientación allí abajo.


Pasó lo que puede que fuera un día, sencillamente descansaron cuando se sintieron agotadas de caminar.




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