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Idea par un fanfic... o algo...

Parece que últimamente me ha dado la neura de escribir, debe ser porque como se hace de noche antes tengo menos tiempo para dibujar =P (hoy no me he quedado bizca con uno de milagro XD).
Esto es una idea, una especie de primer capitulo o algo, de un fanfic ByakuxHisana que se me ocurrió una vez, pero no creo que lo acabe, me lo recordaron el otro día en BleachSP y lo voy a dejar por aquí hasta que se me ocurra qué hacer con él. Es tan pobre que excepto Hisana nadie más tiene nombres XD, bueno...


Agotamiento. Esa era toda su vida. Un perpetuo agotamiento. Trabajaba hasta destrozarse, porque si no la destrozarían. Y cuando la noche llegaba se dejaba caer, con todos los miembros y sentidos absolutamente embotados, en cualquier rincón que prometiese paz, durante unas horas al menos...
No era algo tan malo, vivir así, día a día, evitaba pensar en lo que no debía y bien sabía que había destinos mucho peores en aquella zona olvidada del área 78 del Rukongai.
Estaba a las órdenes del jefe de aquel pueblucho, en realidad, prácticamente todo el mundo estaba bajo sus órdenes, los que iban por libre generalmente acababan muriendo a manos de cualquier miserable más fuerte, ya sea subordinado del jefe, uno de sus muchos enemigos e incluso otros desgraciados sin amo.
Y Hisana tuvo que aprender pronto aquella lección, y de forma trágica.
No recordaba bien cómo llegó allí, apenas recordaba su vida anterior, solo sabía que había llegado con su hermanita en brazos, una criaturita, a la que tuvo que abandonar a los pocos días.
No podría cuidar de ella trabajando para el jefe, por libre era seguro que matarían a las dos. Así que la abandonó, con la esperanza que alguien más fuerte o con más recursos que ella se apiadara de la pobre niña y la acogiera.
También trataba de consolarse, en aquellas noches que el cansancio no la hacía caer prácticamente desmayada, pensando que, pese a todo, en el Rukongai no pasaría hambre...
Transladaba unas cajas de un carromato al interior de un almacén. Pesaban una barbaridad, se preguntó de dónde las sacarían y qué habría dentro.
Pensando en ello una segunda vez, prefería no saberlo. No era ninguna novedad que uno de los pasatiempos más lucrativos de aquella zona era traficar con objetos, e incluso alimentos, sacados del Seireitei. Incluso las gentes de áreas mucho mejor situadas que aquella se peleaban por aquellos objetos. El jefe solía regalar bonitas telas y joyas a sus fulanas favoritas, y Hisana no podía evitar sentirse más que feliz de que su aspecto de chiquillo, le librara de ser merecedora de tales obsequios.
Uno de los hombres de confianza del jefe salió de la casa contigua y se la quedó mirando.
Era el prototipo de hombre más corriente por allí, fuerte, desagradable, y con cara de idiota.
-¡Eh!-le gritó- ¿Qué haces?
Hisana paró y le miró, preguntándose si no era obvio.
-Me han dicho que deje esto en el almacen.
El hombre se rascó una oreja, a continuación la entrepierna, y luego la oreja otra vez.
-¡Déjalo! Tienes que arreglar una cosa.
Con esto se acercó a ella, la agarró del brazo del mala manera, dejándole más moratones sobre los que ya tenía y la llevó al interior de la casa, hasta uno de los mejores cuartos. Una pocilga maloliente y sin apenas luz.
La empujó dentro con peores modales aún a como la agarrara y, previa nueva sesión de rasqueo en diversas zonas del cuerpo, hizo un ademán señalando toda la habitación y dijo:
-Límpialo.
Y se fue.
Hisana se sentiría sorprendida si no le ocurrieran cosas como aquella casi todos los días, de hecho, siempre llevaba consigo un trapo para quitar el polvo, por si acaso. Aunque en aquel lugar, y con escasas posibilidades de poder usar agua para lavar, lo más que podía hacer era mover el polvo de sitio.
No pasó mucho tiempo cuando entró el jefe en persona, seguido de un hombrecillo que le causó inmediato rechazo.
El jefe la miró, Hisana temió haber hecho algo mal, lo que se traduciría en una desagradable paliza...
-¡Tú! ¡Ve por algo para beber!
Hisana brincó, corriendo a la cocina... o lo que parecía una cocina. A los pocos instantes volvió un una botella de sake y unos vasos.
Les sirvió, intentando pasar lo más desapercibida posible. El jefe la ponía muy nerviosa, y esperaba que el temblor de sus manos no la hiciesen cometer algún accidente.
-... no estoy en buena situación como ya ves- decía el hombrecillo, era delgado y con una piel tan pálida y enfermiza que a ratos a Hisana se le antojaba verde, entre sus dedos, largos y delgados, portaba una especie de báculo, al que le gustaba martillear de forma nerviosa de vez en cuando.
Todo en él le inspiraba repugnancia.
-... así que tendrá que ser muy pronto y tendremos que ser muy discretos-continuó.
-Bien, tendré a mis hombres advertidos fuera, no tendrás que preocuparte por eso- le respondió el jefe en toco socarrón y despreocupado- y puedes elegir a cualquiera de mis putas para que te acompañe dentro.
El hombrecillo hizo un gesto de desagrado.
-No te ofendas-su voz era una mezcla de fingida humildad y prepotencia- pero tus... señoritas, son demasiado... llamativas para este tipo de trabajo.
El jefe hizo una mueca, apuró su vaso de sake y miró a Hisana.
Ésta estaba en una esquinita procurando hacer el menor ruido posible, le hubiese encantado haber salido pitando de allí nada más servirles, pero un par de malas experiencias la habían advertido que no era buena idea abandonar una habitación cuando el jefe no había dado permiso.
-¡Tú!-la señaló con un dedo sucio y grotesco- Acércate.
Hisana obedeció. El jefe tiró de la manga de su ropa con tal violencia que poco faltó para dar de bruces contra el suelo. Antes de que se pudiera recuperar el jefe la agarró por la cabeza.
-Abre la boca- le ordenó.
Hisana obedeció muy asustada. El jefe metió un par de repugnantes dedos y le estiró los labios hacia atrás.
-¿Qué te parece esta?-le preguntó al hombrecillo-Tiene una buena dentadura.
El hombrecillo suspiró, parecía que nunca se entendería con aquel tipo tan ordinario, solo parecían comprenderse bien cuando hablaban de finanzas.
-Acércate-le dijo a Hisana en un tono que trataba de ser amable, pero que sonaba más venenoso que el silvido de una vívora. La miró de arriba abajo con ojo crítico- ¿Sabes coser?
Hisana asintió.
-¿Lavar?, ¿limpiar?.
Hisana asintió a todo.
-¿Y eres muda, o solo una maleducada?
Hisana dio un respingó.
-No, lo siento... Soy muy buena costurera, y trabajo muy duro, también aprendo muy rápido.
Miró de reojo al jefe, pero este parecía más interesado en lo que quedaba en la botella de sake que en ella.
-Bien-dijo el hombrecillo con un suspiro-no es gran cosa, pero no creo que encuentre nada mejor en este agujero.
En vez de ofenderse, el jefe sonrió como si fuese un cumplido.
-Entonces todo perfecto. ¿Cuándo os váis?, ¿mañana?.
Hisana les miró sorprendida. ¿Irse?. No sentía ningún cariño por aquel lugar, pero dondequiera que estuviera aquel hombrecillo, estaba segura que no podía ser un buen sitio. Además, le preocupaba qué podrían esperar de ella y cual sería su castigo si no daba la talla.
-Sí, mañana a primera hora. Deberías prepar un baño y algo para arreglar a la jovencita, no esperarás que la meta en el Seireitei con este aspecto.
Hisana abrió los ojos. ¿El Seireitei?.
El jefe gruñó y se puso en pie.
-Mientras lo preparan todo-continuó hablando el hombrecillo- te contaré la situación. No me gusta repetir las cosas dos veces y será mejor que atiendas.
Hisana fue todo oidos.
El baño era un lujo en aquel lugar... y con agua caliente encima. Hisana suspiró, pensaba aprovechar aquello todo lo que pudiera. Mientras dejaba que su derrotado y dolorido cuerpo se relajara, su mente daba vueltas y trataba de poner orden a lo que acababa de suceder.
El hombrecillo era un criado de la familia Kuchiki, de todos los criados que trabajaban allí venidos del Rukongai, él era el de mayor rango, lo cual no parecía ser un puesto muy llamativo. Los venidos de fuera del Seireitei eran algo así como los criados de los criados. Pero el hombrecillo se había valido de aquel puesto para robar cosas de la casa y traerlas allí, un lujo que parecía estar a punto de agotarse, varias cosas se habían confabulado a su favor y a su contra.
La más importante de ellas era que la señora de la casa se encontraba muy enferma, simpre había sido una mujer enfermiza, pero todos estaban convencidos de que su muerte era inminente. Después de ella, el titulo de la familia caería en manos de su único hijo, un joven huraño y, por lo que parecía, sin demasiada prisa por formar una nueva familia. Esto se traducía en que muchos sirvientes serían inútiles y acabarían en la calle, y el hombrecillo estaba seguro que su cabeza sería de las primeras en rodar. Sabía que tanto el mayordomo como el futuro señor le miraban con desconfianza y últimamente sus pasos eran muy vigilados.
Así que decidió que lo mejor sería dar un golpe definitivo y retirarse a vivir en la abundancia en cualquier esquina olvidada del Rukongai. Entre la próxima muerte de la señora y el nombramiento del nuevo cabeza de la familia, el lugar se volvería caótico, y con los regalos de pésame y felicidades que les entregarían otras familias, estaba seguro que el almacén estaría lleno de valiosos objetos.
Lo único que necesitaba era alguien de confianza con él, que escapase de las miradas sospechosas y le ayudase en la forma de escapar y sacar su botín de allí.
En ese punto entraba Hisana.
Se haría pasar por una habitante del Área 1. Muchos siriventes habían buscado otros destinos antes de ser despedidos, así que la casa estaba algo falta de personal, por lo que su entrada no levantaría demasiadas sospechas.
Hisana se abrazó en la bañera, el agua comenzaba a enfriarse.
Aquella situación no la gustaba nada. No podía negarse, de ninguna forma, y el tipo había puesto buen cuidado en prometerle una suculenta recompensa a ella también si hacía su trabajo como correspondía. Hisana no creía en aquella promesa, pero le gustaría hacerlo.
Quizá...
Quizá... ¿cuánto tiempo hacía que no había usado aquella palabra con algo de esperanza?
Quizá pudiese conseguir lo suficiente, o encontrar alguna forma, para salir de aquel abismo el tiempo suficiente para buscar a su hermana... para saber cómo estaría, era incapaz de pensar que podría haber muerto. Su cerebro trataba de pensar cuántos años tendría ya... pero no podía ordenarlos con lógica, pero ya debía ser mayor... podrían vivir juntas...
Siguió dándole vueltas a la cabeza hasta que el agua helada la obligó a salir.



También pienso cambiar el lay =D
Tags: fanfic
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